"LAS CRISIS EXACERBAN RASGOS ESTRUCTURALES DE CADA PAÍS", UNA ENTREVISTA A ADRIANA URRUTIA

April 26, 2020

Adriana Urrutia es politóloga, magíster en Política Comparada por el Instituto de Estudios Políticos de Paris (Sciences Po - Paris) y, actualmente, es directora de la escuela de Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. 

 

 

 

-¿En términos generales, cómo evalúas la estrategia emprendida por el Ejecutivo para enfrentar la crisis del COVID-19?

-Creo que es una estrategia inédita en la medida en que se ha logrado articular la priorización de la salud y el bienestar, con un conjunto de medidas presupuestarias. Se ha tomado, de manera muy temprana, la decisión de suspender las actividades para así proteger la salud de los peruanos, y, tenemos, además, un MEF que diseña propuestas que piensan en los actores más vulnerables, personas en situación de pobreza, los agricultores, personas del sector rural, y ahora, los independientes e informales, pensando en la universalización de los bonos. Esto va acompañado del fortalecimiento de un modelo presidencialista: el presidente está siendo muy protagónico en la manera en que se toman las decisiones, junto con los ministros, en especial la ministra de economía y el ministro de salud. 

-La priorización de la vida sobre la economía es una realidad, sería ciego negarlo, pero subsisten cuestionamientos, sobre todo en relación al tema de la liberación de fondos AFP, lo que genera preguntas… ¿Para quién juega el Estado? ¿Por qué no se ha tomado una decisión en ese tema, que es importante, pero está amarrado a muchos intereses?

-Creo que por primera vez en mucho tiempo se está discutiendo cuál es el rol de estos fondos de pensión, y se ha logrado flexibilizar el acceso a algunos de estos fondos que no son únicamente las AFPs, sino también la CTS. De esta manera se busca operativizar medidas en el sector privado y financiero, de manera que todo contribuya a la reactivación económica. En términos de políticas macro, se está aplicando un modelo keynesiano, que busca financiar el consumo desde el individuo, para que este vuelva a apostar por un conjunto de gastos que progresivamente irán reactivando la economía. 

-Creo que es particularmente complicado establecer esta clase de medidas de reactivación, en un país tan informal como el nuestro. Ahí sería importante el rol de los bonos… 

-Sí, pero ahí hay que pensar más allá del bono, que lo que hace es garantizar el acceso a bienes esenciales a personas que no cuentan con ingresos. Lo que hay que mirar, de aquí en adelante, es cómo, en función al perfil del trabajador dependiente o independiente,  se puedan prever un conjunto de medidas que minimicen el impacto de estos meses de cuarentena sobre la economía. Creo que esta discusión va a dar lugar a un rediseño constante de medidas, en el marco de la reactivación económica, y se da en un momento histórico en que el Estado y la empresa van a tener que trabajar de la mano. Y sí, sí habido una discusión sobre cuál es el rol político de la CONFIEP, respecto a la cual, creo, el Estado tiene una posición ambigua, precisamente porque creo que busca preservar la posibilidad de diálogo para futuras medidas de reactivación.

-Desde que arrancó la crisis del COVID en el Perú, se ha seguido dando esa inestabilidad en relación a la permanencia de los ministros: salió la ministra de salud, salió hace pocos días el ministro del Interior. ¿Cómo entender esas idas y venidas constantes de ministros?

-Lo que dice la teoría de las ciencias sociales sobre las crisis, es que estas tienden a exacerbar características estructurales de cual sea el actor o el eje social que se analiza. Creo que esta crisis no deja de exacerbar un conjunto de problemas estructurales de nuestro país, que deben ser urgentes en su atención. En promedio, en el gobierno del presidente Vizcarra, un ministro se mantiene en su cargo por 40 días. Creo que esto se relaciona a la manera que tiene él de trabajar, haciéndolo directamente con un grupo de ministros, a los que les exige resultados concretos en función de las coyunturas que se quiera atender. De acuerdo a eso, él evalúa, y no tiene reparos en cambiar a un responsable de sector cuando este no responde a las expectativas. Es algo que se da, también, ya que Vizcarra llega sin una plataforma política, y, según ha dicho, sin ambiciones políticas. Como no quiere candidatear, no tiene interés en considerar un aparato partidario, por lo que el hacer rotar a los ministros no fragiliza una plataforma política. 

-Vizcarra tampoco tiene ese corte puramente político, fueron una serie de situaciones que se desencadenaron y terminaron con él en la presidencia. Su gobierno ha sido de prueba, error y reenfoque, ¿eso ayuda al considerar la situación a largo plazo?

-Creo que lo que hay que analizar aquí es el perfil, que tenemos en el Perú, del presidente ingeniero. Tenemos a Belaúnde, como arquitecto-ingeniero, Fujimori como ingeniero y ahora Vizcarra. Este perfil presidencial permite analizar cierto tipo de gestión y las decisiones que se tomen en esta gestión, que tienen que ver con dejar un legado de infraestructura. Belaúnde se concentra en la infraestructura urbana, con las grandes unidades vecinales, Fujimori en la infraestructura de conectividad y para Vizcarra, yo hablaría de la construcción de una infraestructura social, en el sentido en que se ha apostado, en este caso, por fortalecer la educación y la salud. Creo que sus decisiones son tomadas en función al objetivo de construir esta infraestructura social.

-En este contexto, ¿qué rol debe tener el Congreso en la resolución de esta crisis?

-Veo el rol del Congreso bien complicado, en el sentido en que dado el corto plazo en que se han organizado las elecciones, los partidos, más que nunca, han sido vientres de alquiler, lo que dificulta el armar una agenda respecto a la coyuntura. Quedan pocos meses de gestión efectiva, a lo que se suma una nueva coyuntura, que es la electoral del próximo año. En este contexto va a depender de la capacidad individual de cada congresista, de dialogar con los sectores y poner en agenda sus propios temas. 

-Se habla de la posibilidad, una vez haya pasado la peor parte de la crisis, del surgimiento de figuras caudillistas, que saquen provecho de la crisis para recoger activos políticos. ¿Te parece algo particularmente probable?

-Como te decía, las crisis exacerban rasgos estructurales de cada país, y en el Perú, la manera de hacer política es personalista y caudillista. El hecho de que en nuestro país no esté en debate la restricción de las libertades, por el toque de queda, tiene que ver con tenemos una sociedad más pretoriana, militarista. Hemos tenido, hasta el año 80, gobiernos militares, y toques de queda hasta el año 90. Creo que lo que se va a exacerbar, es ese apoyo a gente que, como Vizcarra, pueda liderar un conjunto de procesos solo, un líder individual. Veo compleja la aparición de otra figura que no haya estado involucrada en la crisis para ganar las elecciones...Por ejemplo, la figura de Víctor Zamora me parece altamente presidenciable. Creo que la gente está aceptando este tipo de figura, no es por nada que Vizcarra tiene 83% de aprobación, y creo que quien venga va a tener que saber seguirle el hilo a esta apuesta, para así sumarse a esta ola de popularidad que tiene el presidente actual, quien no tiene un sucesor directo que podría continuar su propuesta.

 

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