Una derecha izquierdizada

Desde hace décadas, la derecha peruana se llena la boca con que la izquierda padece de atomización crónica. Decenas de partidos diminutos pugnan por un inalcanzable consenso, en desmedro de sus intereses colectivos. Este discurso se oye tanto en la derecha conservadora como en la liberal. Por eso, resulta irónico que los números nos pinten una derecha disuelta y enclenque: nadie supera siquiera los 10 puntos.


Las encuestas son un asunto espinoso. Si bien una muestra pequeña puede resultar representativa en principio, la opinión cambia tanto día a día que colosos como IPSOS subestimaron en casi 7% a Keiko Fujimori el 2016. Sabiendo que el porcentaje de No Precisa del 2011 (7%) y del 2016 (9%) palidecen ante el presente 14%, la incertidumbre es aún mayor. No obstante, vemos algunos puntos muy notables como para ser dejados de lado.


1IPSOS Intención de voto, por Alexandra Ames. 14 de febrero 2021.


Fujimori, De Soto y López Aliaga compiten por un mismo recurso. Apenas De Soto superó el 2% en octubre y pasó a ser un “candidato viable”, los votantes fujimoristas más volátiles parecen haber migrado hacia él en noviembre. Asimismo, apenas figuró en enero, López Aliaga parece subir (aunque no por encima del margen de error) a expensas de la caída de De Soto, mientras que Keiko entra en una meseta. Al ojímetro, los datos sugieren que estos candidatos se meten cabe mutuamente, con una muy reducida capacidad para captar al indeciso.


Por supuesto, hay matices entre los candidatos. De Soto dice respirar libre mercado, mientras López Aliaga no teme meter mano en la economía. Ambos intentan mantener una saludable distancia del gobierno de los 90s, en lo que Keiko propone sin pelos en la lengua una reminiscente demodura. Pero si no reconcilian sus diferencias, corren el inminente riesgo de no pasar a segunda vuelta, y si pasan, no darle la talla a virtualmente ningún contendor. ¿Por qué? Por esoterismos doctrinarios o egos anquilosantes, tal como sucede con la izquierda.


Buscar una estrategia que deje bien parados a los tres es terreno pantanoso y ciertamente no es el objetivo de este artículo. No obstante, cometería una infidencia al no compartir un pensamiento recurrente en torno a la eterna dama de honor (mas nunca novia) del sillón presidencial. Keiko debe aceptar que es uno de los candidatos con mayor antivoto en todas las encuestas. Si bien es la candidata de la ur-derecha con mayor viada inicial, luego del avasallamiento mediático 2016-2020, es la que tiene el techo más bajo. Si realmente le hubiera interesado el bien de su movimiento, al menos se hubiera lanzado al congreso y buscado reestablecer la reelección parlamentaria. De ese modo se deshace del karma de la megalomanía y hasta podría mejorar su aceptación. Además, al parlamento tiene un ingreso asegurado, con una incuestionable autoridad de oposición o de consenso. Pero esa ya no es una opción.


Esta breve radiografía tampoco tiene como fin despertar de su estupor a los tres candidatos citados. Pero sí intenta presentar un desolador futuro a la efervescente ur-derecha joven en el Perú. Si no se renueva la médula intelectual de la derecha en lugar de limitarse a la tuitósfera, partidos sin casta como PP y APP serán el nuevo rostro de la derecha. No por su ideario, sino por los mononeuronales criterios de no llamarse de izquierda y de su innegable poder de convocatoria. Para cualquiera de los posibles votantes por Fuerza Popular, Avanza País o Renovación Popular, ese destino debería ser mucho más aterrador que cualquier victoria de la izquierda.


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