• Sol Pozzi-Escot Noriega

TEMA DE FONDO: MIGRACIÓN

El terror islámico vuelve a horrorizar al mundo. Este 16 de octubre, Samuel Paty, profesor de historia, geografía y civismo fue decapitado por un fundamentalista islámico de 18 años, como acto de venganza después de que el profesor mostrara, en su clase, caricaturas de Mahoma, profeta musulmán. Desde entonces, se ha vuelto a encender el debate sobre la libertad de expresión en el mundo Occidental, en relación a este hecho, y otros que pueden ser considerados como antecedentes, como el ataque al diario humorístico Charlie Hebdo en el 2015. Sin embargo, creemos que el debate no analiza la situación en su totalidad, dejando en segundo plano una dimensión esencial de la problemática: ¿es realmente posible la convivencia de dos o más culturas, en muchos casos con posturas diametralmente opuestas, en un mismo territorio?


En este contexto, la derecha conservadora, encabezada por Marine Le Pen, ha relanzado su campaña anti-migración en Francia. David Rachline, alcalde de la comuna francesa de Fréjus y miembro del partido Agrupación Nacional, liderado por Le Pen, acusó a “un poder político que se dedica a condenar estos hechos sin hacer nada al respecto, que abre, de manera permanente, nuestras fronteras a solicitantes de asilo que no tienen nada que hacer en el país”. Otros miembros de Agrupación Nacional declararon que si el Estado hubiera prestado atención a las políticas migratorias sugeridas por esta agrupación política, el profesor Paty seguiría vivo.


Si bien la postura de Agrupación Nacional corresponde a un cálculo político, basado en un discurso, hasta cierto punto, xenofóbico, es importante atender la problemática de fondo. Un artículo del 2011 publicado en el periódico francés Le Figaro, advertía que para el 2030, la población musulmana representaría el 10% de la población total en Francia. Hoy, en el 2020, la población musulmana representa el 8,8% de la población francesa, de acuerdo al Pew Research Center. Estamos hablando, entonces, de un crecimiento acelerado.


Situación parecida conocemos en Estados Unidos. El 2013 fue el primer año, en la historia de dicho país, en que la mayoría de niños menores de 1 año no formaba parte de la población blanca no hispana. Según la Oficina del Censo, en el 2045 los blancos no hispanos serán, por primera vez, minoría en los Estados Unidos.


Lo delicado del asunto hace que muchos prefieran no tocar el tema de la migración. Sin embargo, independientemente de toda la politiquería alrededor del tema, es innegable que ciertos países occidentales se ven confrontados a un reto urgente de la actualidad: asegurar la continuidad, en el tiempo, de los valores que los unen como nación, ante la inevitable llegada de inmigrantes con distintas maneras de concebir las cosas. Es un reto de la democracia contemporánea, saber integrar a estos nuevos habitantes en sus territorios, o, por lo contrario, mejorar los mecanismos de filtro y selección de inmigrantes permitidos en el país. Para Francia y Estados Unidos, por ejemplo, es el país entero lo que está en juego. Literalmente.


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