Sobre Los Globos de Oro: breve comentario sobre la premiación



Este atípico año pasado nos ha dejado innumerables estrenos, un sinfín de festivales que pueden volverse, paradójicamente, típicos en un futuro no muy lejano, gracias a la poderosa internet y a los servicios de streaming. Después de cada estreno llega la famosa temporada de premios, famosa porque su epicentro está en los Estados Unidos de América, tierra de Hollywood y hogar de Hitchcock. Resulta inevitable, para el cinéfilo promedio, no emocionarse cuando salen las “short-lists” de nominadas a mejor película, director o actor/actriz, entre otros. Listas que parecen determinar cuáles sí y cuáles no. No es extraño tampoco que los premios Oscar sean atractivos incluso para quienes no son tan aficionados al cine. Pero aquí venimos a hablar no de los premios Oscar, sino de sus primos cercanos, aunque diría más bien lejanos: Los globos de Oro.


Siempre se ha mencionado, sobre todo en nuestra muy prodigiosa televisión de entretenimiento nacional, que las premiaciones más importantes a nivel cinematográfico son la de los Globos de Oro, que, según ese discurso, es la gran antesala del Oscar y, la más importante premiación es esta última mencionada. Esto resulta falso, absurdo para quienes seguimos de cerca lo que sucede en el mundo del cine no solo a nivel comercial y hollywoodense, sino a niveles más amplios que comprenden desde festivales hasta los propios estrenos comerciales nacionales.


Para no hacer hincapié e irnos hacia otros temas, dejaré en claro que, a pesar de tener múltiples festivales y proyecciones, las películas que llegan a ganar un Oscar, por lo general, siempre terminan en circuitos comerciales y son catalogadas como “lo mejor de lo mejor”, cosa que para quienes (me repito) seguimos de cerca este maravilloso mundo cinéfilo, nos resultan afirmaciones un tanto graciosas.


Ahora sí, vamos a dirigirnos estrictamente a comentarles si es factible llamar a esta premiación como “la antesala del Oscar”.


Para comenzar, hay que entender que la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas es la que entrega el Oscar y es completamente distinta a la Asociación de Prensa Extranjera residente en Hollywood, que es la entidad encargada de entregar los Globos de Oro. Si esto no resulta nada distinto, lo siguiente sí: En la primera son más de 8700 personas que emiten un voto, entre las películas que se presentan a la carrera, la segunda, la de los Globos de Oro, tan solo se encuentran 87 periodistas, todos ya ancianos (con el debido respeto del caso) que seleccionan sus películas favoritas, de todas las que SOLO los estudios les envían. Esto último no es tan distinto de los Oscars, porque aquí también los estudios presentan sus películas y, como es una especie de auto celebración hollywoodense, se escogen, casi siempre, las mismas cintas.


Pueden ser grandes indicadores de lo que pueda suceder en la premiación más importante del cine gringo, pero no cabe duda de que son completamente distintas. Más aún este año, cuando parece ser que a nuestros amigos periodistas extranjeros (ningún negro entre ellos), casi todos ancianos, se les olvidó revisar más películas de las que, tristemente, escogieron para la premiación que se dio el 28 de febrero pasado. Las diferencias están creciendo poco a poco y está bien que así sea. No resulta aceptable que, por ejemplo, en esta premiación mal llamada antesala del Oscar hayan nominado a MINARI, una película que sería completamente estadounidense de no ser por sus actores, a la categoría de mejor película extranjera. Irónico que la propia Asociación de Prensa Extranjera haya nominado a una película de la A24 a esta categoría en la que, vaya misterio, ganó.





¿Es buena la película? Buenísima, de eso no hay duda, pero el debate no se encuentra en la calidad del filme, sino en cómo se ha tratado el filme en una premiación tan controvertida y en un año donde se supone que la corrección política no debe de tener ni siquiera este tipo de “fallos”. Los Oscars, felizmente, no la consideraron como película extranjera.


Creo que ya va siendo tiempo de que tengamos criterios personales más estrictos para señalar a tal o cual película como la mejor de algo. Y es que, a fin de cuentas, el gusto propio será el que predomine sobre cualquier premiación o festival. Pero también hay que pensar en que estas premiaciones son las que exportan las películas dependiendo de los resultados obtenidos en la platea de reflectores. Sería bueno diferenciar entre una entrega de premios donde es necesario un cambio de votantes, frente a otra que, a pesar de sus torpezas, sigue siendo la principal ventana de referencia para el consumidor de cine promedio. Solo veamos el caso de Parásitos el año pasado, con lo cual no quiero decir que el cine estadounidense sea malo. Para nada; sin embargo, terminaré citando a su director, el cual al momento de, ironías de (este texto) la vida, recibir el Globo de Oro a mejor película extranjera: “Una vez superes la barrera de los subtítulos, conocerás películas mucho más asombrosas”.



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