Melina León: “La pandemia nos ha mostrado la película del Perú y es una de horror”




El pasado 15 de enero, la cinta Canción sin nombre llegó al catálogo de Netflix, siendo así la primera película peruana en estrenarse directamente en una plataforma streaming. Si bien su estreno en las salas de cine estaba programado para el mes de abril del 2020, la pandemia de COVID-19 descartó esta posibilidad. A pesar de tal piedra en el camino, la película solo ha cosechado éxitos desde su proyección en la quincena de realizadores del Festival de Cine de Cannes del 2019. 40 premios internacionales, seleccionada en 90 festivales alrededor del mundo y elegida como la precandidata del Perú al Premio Oscar 2021. Sin duda, una cinta que está dando mucho que hablar. Por ello, nos sentamos a conversar con su directora, Melina León, acerca del impacto que está teniendo, el proceso de creación y su relevancia en medio de las precariedades que ha evidenciado la pandemia en nuestro país.


¿Cómo te sientes con la gran visibilidad y acogida que ha tenido tu película?


Lo único que te puedo decir es que me siento agotada, pero muy contenta. Es un magnifico proceso de aprendizaje como ópera prima, además de experimentar el cariño del público del país donde se hizo. Era lo que no habíamos tenido hasta este momento y sentía mucha pena por no haber podido estrenar en abril del año pasado. Es una satisfacción enorme completar ese círculo, hacer que la película llegue, comenzar a escuchar desde hace unos días los comentarios de todo el Perú.


Ha sido una recepción muy positiva, se encuentra entre las 10 películas más vistas de Netflix Perú. ¿Qué idea tienes sobre por qué es que está pegando así con el público?


Yo sospecho que es porque tiene mucha emoción. Es una película que está planteada con mucha honestidad y con un interés por la contemplación de la imagen, por comunicar a través de sonidos e imágenes. Pero también está construida sobre una pregunta y eso creo que hace que un público más masivo se quede con nosotros y no nos abandone en el camino. Esa pregunta de dónde está. Qué pasó. Todos queremos saber qué pasó y al quedarnos preguntándonos eso es bonito ver que nos quedamos reflexionando sobre por qué pasó.


Justamente, en la búsqueda de alguna respuesta para estas preguntas, resulta interesante el acercamiento que has tenido hacia esta historia, a través de una mirada entre lo periodístico y antropológico, las profesiones de tu papá y mamá, respectivamente.


Pues la historia surge de las noticias, la historia surge de mí y qué cosa es uno sino el resultado de un contexto social y de unos padres que son siempre muy influyentes. Entonces hay en mí una vena narrativa muy fuerte que tiene esas ganas de contarle al público masivo, como el periodista que sabe que hay que contarlo rápido y tener lectores. Pero también está esa otra visión de mi madre que es un poco más pausada, a quien además le gusta mucho la poesía. Mi madre que se llama Meche. Ella es una persona que se acerca a la vida de otra manera. Y entonces ahí está su mirada más antropológico y poética también.


Hablando sobre esto último, la película tiene escenas muy poéticas que se apoyan en la fotografía de Inti Briones. Georgina caminando junto a su esposo por los arenales da una impresión fantasmagórica, como si los personajes estuvieran ahí, pero al mismo tiempo no. ¿Cómo lo trabajaron?


Pues Inti es un gran maestro de la fotografía. Para mí fue un honor trabajar y aprender de cine a su lado. Y fíjate que esa escena la habíamos pensado. Claro, nuestros personajes no son invisibles, son invisibilizados, marginalizados. No son tristes, por eso comenzamos la película con una fiesta. Nosotros no somos eso, nos entristece los malos tratos, la tragedia de nuestro Estado de porquería. Todo eso nos entristece, nos quita nuestra identidad y esperanza. Entonces el tema de la invisibilidad queríamos retratarlo y nos llegó de la pobreza de recursos, porque no teníamos un generador para filmar en el desierto, pero sí una cámara muy potente, muy sensible en la oscuridad y él [Inti Briones] la filmó en tres cuadros por segundo para que entrara la mayor cantidad de luz. Me dijo que después la pondríamos a velocidad normal y ello daría la sensación de un Stroke, lo cual no es otra cosa que una especie de efecto fantasmagórico. Ahí estuvo nuestra respuesta a lo que no habíamos podido diseñar.



Has mencionado en varias entrevistas que la historia de Canción sin nombre estuvo en tu cabeza desde hace varios años. ¿Cuál fue el proceso de articulación?

Los procesos de articulación nunca se dan de forma clara ni perfecta. Los procesos de producción son un poquito más claros, a diferencia de los de creación que son más misteriosos, pero van bien ligados. Lo que puedo decirte es que cuando ya estaba el borrador de la idea que hicimos con Michael [J. White], la película tenía la sensación de ser muy americana, no muy peruana, por lo que había que reescribirla y reescribirla. En ese proceso hubo una productora norteamericana interesada en hacerla, pero que al final no se concretó. En el 2012 me animo a hacer mi productora que se llama La Vida Misma Films y a tomar al toro por las astas. Me decidí a producirla muy influenciada por lo que me dijo una productora peruana, Pinky [Campos], que fue que no esperara a que viniera alguien a hacerla por mí.


¿Y cómo fue el tema de la búsqueda de fondos?


Tuve la suerte de ir avanzando conforme crecía DAFO [Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios]. Me demore en ganar, eso sí. Ganamos en el 2014 y me dedique casi exclusivamente a la película y a buscar otros fondos. También tuve la suerte de que cuando la terminé ya había un fondo automático de distribución y de promoción. Así que ya no tuve que competir para tenerlo, fue más sencillo. No todo ha sido cuesta arriba para mí. Algunas cosas sí, algunas no.


Otro de los elementos que destacan es la banda sonora a cargo de Pauchi Sasaki, la cual transita por distintos espacios. A veces melancólica, pero también capaz de generar mucho suspenso.


Con Pauchi también ha sido, como con Inti, una conversación larga. Ella es una persona muy observadora. Iba tomando nota de la música que a mí me gustaba y lo registraba en su gran computadora mental [sonríe]. Así, cuando llegó la hora de hacer la película, nos juntamos poco porque ya sabíamos de qué iba a ir. Trabajamos confiadas una en la otra. Primero ella optó por el violonchelo, pero el problema era que no es peruano. Quedaba fuera de compas, impuesto. Luego se decidió por el charango. Ella creía que la película se trataba de dos historias de amor y el charango le parecía el instrumento que mejor lo expresaba. Entonces lo que hizo fue tocarlo ella misma, a pesar de no ser una charanguista profesional, ya que quería escuchar esa torpeza que expresara ese amor accidentado, no realizado. La idea de la música era un poco que nazca de la tierra, pero también es verdad de que hay momentos en los que no hay forma de expresar la violencia, sino solo a través de instrumentos electrónicos.



Esa misma violencia e indiferencia es encarnada muy bien por los actores, los cuales son tanto profesionales como no profesionales. ¿Por qué tomaste la decisión de trabajar de esta manera?


Yo había visto que eso podía funcionar y me dije que eso sería lo que haría, mezclar, solo tendría cuidado en que los tonos de actuación no fueran muy dispares. Para eso trabajé de la misma manera con los profesionales como con los no profesionales, sobre todo con Pamela [Mendoza] y Tommy [Párraga]. Es decir, trabajamos sin diálogo, con un guion, pero sin diálogo. Ellos no leían lo que había escrito, simplemente les contaba las situaciones. Por otro lado, me pareció ilógico buscar hacer un retrato fidedigno de lo marginal desde el privilegio, buscando en casas de casting a gente que ha tenido la suerte de dedicarse al arte que es algo imposible cuando uno no tiene dinero. Entonces era mucho mejor buscar entre los que habían llevado talleres o no habían llevado ningún taller. En fin, todo el inmenso talento que tenemos en el Perú que se dedica a otra cosa para poder ganar algo.


Es relevante también que una película como esta llegue durante de la pandemia de COVID-19, ya que la denuncia que se presenta permanece vigente. ¿Qué relación encuentras entre la película y la actualidad?


Si la pandemia no hubiera llegado, nuestra visión del Estado seguro no sería tan profunda, un poco también influenciada por nuestro privilegio, el privilegio de haber podido crear, de haber podido lograr tantas cosas y de ser unos clasemedieros de Lima. Eso es un privilegio inmenso que hace que uno se quede ciego a veces. La pandemia ha hecho todo evidente, lo que tantas voces han dicho durante tanto tiempo, que de alguna manera sabíamos, pero no sentíamos, no veíamos como podemos verlo en una película. La pandemia nos ha mostrado la película del Perú y es una película de horror.



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