Lo que el debate reflejó


A una semana de las elecciones presidenciales, los candidatos se encaminan al último tramo de la campaña electoral, donde buscarán conseguir la mayor cantidad de votos posibles. Si bien recorrerán zonas específicas, la mayor oportunidad visible para presentar sus propuestas y ganar aceptación fueron los debates organizados durante los primeros tres días de esta semana. En estos, lamentablemente, el desempeño general lindó entre lo regular y lo mediocre. Comenzando por el día lunes, las propuestas de varios candidatos brillaban por su generalidad y ambigüedad. Palabras como prevenir o empoderar eran usadas para responder ante preguntas que necesitaban soluciones concisas que no desembocaran en frases vacuas. Desde anuncios fantásticos como plantas de oxígeno por distrito, hasta planes como un enfoque de género, pero centrado en valores a partir de la distinción entre hombres y mujeres, los candidatos parecían no estar preparados para el debate y reflejaban también los vacíos existentes en sus planes de gobierno. Por otro lado, el martes 30 estuvo marcado por contundentes declaraciones aporófobas de parte de Hernando de Soto, quien declaró que no permitiría el ingreso de los migrantes pobres al país, asegurando que estos eran responsabilidad de sus gobiernos. Además, tal como en el primer debate, los anuncios y promesas de soluciones ante la pandemia no se hicieron esperar. Nuevamente se escuchaban los lemas de terminar pronto con la situación: planes como la compra masiva de vacunas se presentaban, por supuesto, de forma llamativa, pero no deja de ser una ilusión en sí, ya que es de conocimiento público la escasez de este producto en el mundo. Aun con todo ello, el último día de debate llegó a ser el más lamentable. El representante de Perú Patria Segura, Rafael Santos, se dedicó a atacar a los presentes sin dar propuestas claras a lo largo de las intervenciones que tuvo. Por su parte, Rafael López Aliaga se limitó a leer las páginas de sus propuestas, las cuales debía, al menos, conocer bien. La situación se tornó aún más embarazosa cuando López Aliaga tuvo que contestar las preguntas ciudadanas a las cuales no llegaba a responder claramente, repitiendo párrafos ya escuchados de la tinta impresa que llevaba entre las manos. Si bien es cierto que también se expusieron proyectos e ideas interesantes por parte de otros postulantes durante esos días, la gran mayoría terminó por evidenciar las falencias e improvisaciones de sus planes de gobierno. Este reflejo de la política peruana nos presentó a actores con un gran interés por llegar al poder, pero con un compromiso superficial por el bienestar de la población, la cual necesita más que nunca un liderazgo centrado en sus necesidades y desarrollo. Solo el domingo 11 de abril se podrá conocer la decisión de los peruanos y ver quiénes pasarán a segunda vuelta para llevar los siguientes cinco años de gobierno hacia un futuro que, esperemos, sea prometedor.

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