LA HUELGA, UN CLÁSICO PARA ENTENDER AL CINE SOVIÉTICO DE ANTAÑO

El cine soviético, sin duda, ha marcado una pauta en las nuevas formas de realización audiovisual que vienen convergiendo desde el último siglo. Uno de los gestores más importantes y, por qué no, el más importante y reconocido a nivel histórico cinematográfico, es el ruso Sergei Eisenstein. En el siguiente artículo, analizaré las razones por las cuales (muy evidentes por su puesto) esta película pertenece a la corriente constructivista soviética, el cine ruso de aquellas épocas post revolución y, además, puntualizaré, en síntesis, el porqué es una película importante, no solo en la filmografía del ruso, sino en la historia del cine en general.


Características constructivistas: Los soviéticos y la nueva forma de narrar


La primera característica que refuerza la posición de esta película dentro de la corriente/vanguardia que estamos delimitando, es la de su propio relato. Grosso modo, la película nos habla de un protagonista que no es antropomorfo (humano). El protagonismo se lo lleva la propia huelga. Es esta historia de revolución dentro de una fábrica, en la cual los trabajadores conspiraban un plan para poder trabajar en condiciones menos precarias. El único camino para cumplir el objetivo es hacer una huelga, capaz de lograr que todos pongan los ojos en aquella rebelión que se iba a gestar. Seguido, al no tener un protagonista fijo, también se podría decir que pertenece a aquella corriente, porque las películas de esa vanguardia carecían de relatos de un solo protagón. Esta característica es completamente soviética, ya que se busca una colectividad en masa. El pueblo y el obrero eran los actores principales en los relatos rusos; algo no muy alejado de aquella teoría del cine ojo, en la cual hay una depuración de la imagen por tratarla de acercarla a la realidad, pero sin personajes. Agregar a esto último, en la película que estamos analizando, la mayoría de las partes dentro de la fábrica son narradas bajo una perspectiva muy íntima, lúgubre, casi documental. Pareciese que el director está dentro del lugar junto con ellos (los obreros). La cinta comienza con un mensaje de Lenin, el cual dice “Organización significa unidad de acción”. Curiosamente, esta corriente cinematográfica tenía un orden muy distinto al de las otras corrientes, las cuales no narraban linealmente. Esta película está narrada de forma continua y lineal. Lo que no significa que todo esté en un solo plano. Esta característica, la del montaje, es la más atractiva e importante de la película. El montaje de atracciones, como lo denominó el propio Eisenstein, se presenta en múltiples ocasiones, dándole un sentido propio a cada escena (igualmente con la teoría del efecto kulechov). Hay pues, signos que se presentan a lo largo del filme como parte de la ejecución de este montaje. Por poner un ejemplo: Cuando un antagonista del filme, una especie de cuidador del riel del tren bebe agua de una botella, anteriormente aparece un mono bebiendo agua de la misma botella, de igual manera y en el mismo ángulo y cuadro que el antagonista. La imagen se yuxtapone y aparece el rostro del humano al que se le busca ridiculizar o una burla. Esto también es porque aquí los personajes enemigos del obrero no pueden ser “masivos”, en consecuencia, colectivos; sino que se muestran como sujetos individualizados. Un ejemplo clarísimo de el montaje métrico y el propio sentido estará en una de las escenas inciales del filme. Cuando este burgués, sentado en su escritorio, golpea con fuerza la mesa y, por medio del montaje, se muestran fotogramas de cómo la persiana próxima a la mesa va cayendo debido a la fuerza del golpe; de igual manera, al final de la cinta, un militar golpea con fuerza la mesa, en la cual había botellas de tinta para escribir y un mapa. El impacto del golpe es tan fuerte que la tinta cae y ensucia el mapa. Esto es un significado otorgado por parte del propio montaje de Eisenstein. Siguiendo con esta línea, la escena de los teléfonos, en la cual los militares hablan de uno a otro, el montaje nos hace comprender que ellos están comunicándose entre sí, pero desde distintos lugares. Además, aquella escena puede ser otro ejemplo claro de una característica importante en la filmografía soviética: El gran apego al teatro. La escena, casi teatral, maneja un lenguaje cómico y vemos cómo los personajes exageran muchísimo los gestos y movimientos.


Algo que me resulta necesario recalcar es el estático posicionamiento de la cámara, la cual no se mueve en toda la película; sin embargo, la característica que le otorga este dinamismo visual viene, nuevamente, del montaje y la yuxtaposición de imágenes, lo cual era un recurso peculiar de la narrativa constructivista.


En la imagen presentada tenemos la yuxtaposición de un reloj con unos obreros. La imagen de los obreros es fija, ellos están mirando a la fábrica esperando el inicio de la huelga. El reloj aparece y la aguja se detiene. Esto es un recurso para explicar el cese de las actividades en la fábrica: El inicio del paro.





El último ejemplo es el más famoso y evidente del recurso del montaje de atracciones, el cual, por la propia imagen que presentaré, se volverá una especie de pionero en el montaje intelectual.


El director yuxtapone la famosa matanza de los huelguistas con la matanza de una vaca. La sangre de la baca sale en la escena y después aparecen los cuerpos de los huelguistas tirados en el suelo.





Sin dudas, esta película no solo quebró las bases impuestas por el cine “imperialista”, sino que creó unas nuevas formas de narrar que hasta ahora se siguen estudiando y poniendo en práctica. Una corriente esencial para la historia del cine y para los realizadores cinematográficos.


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