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JOSÉ VILCA: CAPTURANDO HISTORIA

Updated: Aug 15

Pocos son los lentes que han logrado captar las últimas décadas de nuestra historia en su caótica pero rica complejidad. El de José Vilca es uno de esos. Desde la convulsión política y social de los turbulentos años 80, hasta las más recientes demostraciones callejeras de indignación popular, Vilca ha sabido capturar los momentos precisos que, sumados, componen la radiografía social y política del Perú contemporáneo. Pero José es más que eso, su devoción no es hacia una causa política, sino, hacia nuestro país, el Perú. y sus habitantes, sobre todo aquellos que son silenciados por el sistema. José lo ha visto todo, y, hoy, lo cuenta todo.


José Vilca


“Yo no empecé como fotógrafo, empecé como coordinador, asistente. Y como me gustó, aprendí de la mayoría de fotógrafos con los que trabajaba”, cuenta José. Digamos que fue el destino quien, a sus XX, años de edad, lo confrontó por primera vez ante el arte de la fotografía. Era asistente del diseñador Victor Escalante, y, al abrirse una plaza de asistencia en fotografía en “Sí”, una de las revistas para las que trabajaba, José aceptó sin dudar. Gran escuela resultó ese trabajo: me cuenta que estaba ahí durante todo el proceso fotográfico, “desde que llegaba el rollo hasta que salía la plancha de contactos”, explica. Con maestros como Herman Schwarz, Manuel Vilca, Víctor Ch. Vargas, o Rómulo Luján, la fotografía lo atrapó nmaturalmente. Y, fue entre los pasillos de revistas y cámaras oscuras de revelado que José aprendió todo lo que necesitaba saber: “Necesitas, ante todo, una base técnica”, revela, “de nada sirve empezar si no tienes un patrón a seguir, en lo que es composición, manejo de luz. Hay que tener esa base, y el resto se aprende en la cancha”, sentencia el fotógrafo. Y vaya cancha que le tocó experimentar a José.



El brote del cólera, (1991-2000), fue la epidemia más letal del siglo XX en nuestro país. Mató a 2909 personas.


Era el año de 1991, el presidente Fujimori acababa de ganar las elecciones del 90, y aún no daba el autogolpe. Y el país ya estaba al borde del desastre. Un brote epidémico del mortal cólera comenzaba a desarrollarse en la costa norte del Perú y, José, que para entonces trabajaba en el diario La República, no dudó en transportarse a la provincia cajamarquina de Cajabamba, uno de los epicentros del brote. Cámara en mano, una Nikon, como precisa Vilca, logró retratar el horror de la muerte y enfermedad en un Perú al borde del abismo.


Han pasado 28 años del demencial atentado de Tarata, que destruyó 183 casas, 400 negocios, y mató a 25 personas. "¡Tarata nunca más!", exclama Vilca.


“Estaba posicionándome para tomar fotos, y, en eso, piso algo. Miro, y eran partes de ser humano. Me palteo, retrocedo, y veo a dos personas cargando a otra, digo “¡Cuidado!”, me miran, y yo las tenía encuadrados. Disparo, y sale esa foto”, narra José respecto a la histórica portada de Caretas del 20 de Julio de 1992, lanzada 4 días después del fatídico atentado de Tarata, evento que marcó un antes y un después en lo que se refiere a la percepción que la capital tenía de los terroristas.


Cuenta José que trabajaba con dos cámaras: una en blanco y negro, otra a colores. Esta última debía usarse para sacar la foto portada. Sin embargo, por la necesidad de tomar la foto precisa en el momento preciso, usó la cámara en blanco y negro para la legendaria carátula. “De ahí me llaman y me preguntan si tengo la portada a color. Les digo que no, esa es la única foto que tomé, es la que hay. Me metieron una cuadrada…”, recuerda Vilca. Sin embargo, cuenta, al director de la revista Enrique Zileri, la portada le encantó: el blanco y negro le hizo recordar, con nostalgia, las primeras portadas de la revista.


“Trabajaba bajo mucha presión, tensión...y adrenalina”, confiesa José. “Y olvídate de tus 8 horas de chamba. Llegas a comisión, y no estás pensando que ya va a ser tu hora de salir. Estás concentrado en ser parte de esa cobertura”, concluye. Me explica que cuando salía de comisión, durante los 90, le daban máximo 2 rollos de fotos, lo que lo obligaba a pensar bien la foto antes de hacerla: “Todo debe estar editado en la cabeza”, declara. Y la responsabilidad es grande: cuando un fotógrafo, o periodista, de algún medio cubre un evento, está ahí en representación de dicho medio, y, por lo tanto, debe recoger la historia de la mejor manera posible, para el público.



El terrorista Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso, fue capturado el 12 de setiembre de 1992


El 17 de diciembre de 1996, ya en el segundo y muy cuestionado mandato del presidente Fujimori, José recibió la noticia mientras tomaba un café con un amigo: el grupo terrorista MRTA había tomado la residencia del embajador de Japón en Perú. Inmediatamente, se puso a disposición del coordinador de Caretas, con la intención de cubrir el hecho. Parece que el coordinador lo subestimó, al decirle que ya estaba todo asignado. “Cualquier cosa te cuento”, le dijo. “Yo también, cualquier cosa, te aviso, maestro, gracias.”, respondió Vilca. Y se fue directamente a la residencia.


A su llegada, encuentra un caos total: periodistas peruanos y extranjeros luchando por acceso al lugar de la acción, autoridades militares coordinando la estrategia, y, alrededor, edificios sanisidrinos con vista privilegiada hacia la residencia.  "Los dueños cobraban a los fotógrafos por la vista, en dólares. Y yo no tenía un sol", cuenta Vilca. Así que, ingenioso y canchero, se hizo amigo de un importante Coronel, al que incluso logró incluir en una edición de Caretas, como un personaje central de la operación. El coronel le devolvió el favor y le consiguió la mejor vista. Una vez se instaló José, y después de algunas horas de poca actividad en la residencia, liberan 30 rehenes. José capta el momento. Serendipia.



Gran parte de los 800 rehenes fueron liberados, incluyendo a la madre del presidente Fujimori, que estaba en el evento. Los 14 terroristas del MRTA murieron en el asalto.


Pero José tenía que acercarse más a los hechos. Y, cuando, llegó la esperada conferencia de prensa del grupo terrorista, nuestro fotógrafo se aseguró de estar presente. Esquivando policías, se metió corriendo con un amigo camarógrafo. Adentro, lo recibe un terrorista, Ofal en mano. “Alto, carajo, no pueden pasar. ¡Identifíquense!”. Sin embargo, por el trajín, Vilca no encontraba su carnet de prensa. Pero salvó la situación (y su vida): “Todos los fotógrafos tenían, en sus lentes, la calcomanía del medio al que pertenecían. Y, en la espera, me puse a dibujar el logo de Caretas en un masking tape pegado sobre mi lente. Se lo muestro, y bajan las armas.” José entra, y logra capturar más historia.


“Al principio, yo me resistía a lo digital, decía que no, que estaba bien con mi película. Y así me resistí hasta el final, hasta que aparecieron las cámaras con motor integrado, eléctricas, con autofocus”. Cuenta que está acostumbrado al sistema antiguo, pero igual usa el moderno. Eso sí, toma foto por foto. “He visto, en ese proceso, compañeros que pegan el dedo ahí, y escuchas una metralleta. ¿Para qué toman tanta foto? Ni siquiera están viendo lo que están tomando”, se pregunta. Experiencia manda.



Los fotógrafos que más han marcado e influenciado el estilo de José son Cartier-Bresson y Sebastiao Salgado. Del primero, rescata la búsqueda del "instante decisivo", y, del segundo, el compromiso social y la búsqueda de la igualdad social.Arriba, marcha del 3 de enero del 2019, en apoyo a la lucha anticorrupción en el Perú.


“Hay que ser un poco conchudo”, responde, franco, José, cuando le pregunto cuál es la cualidad principal que debe tener un fotógrafo. Y precisa: “Primero entras, y de ahí pides permiso. Sino, ya se te fue lo que querías fotografiar”. ¿Consejos para jóvenes fotógrafos? Ante todo, sentido de responsabilidad. “Tienes la responsabilidad de informar bien, porque esa es la historia que verá la gente a través de los medios. La labor del periodista y del fotoperiodista es dejar un buen registro de los eventos, personajes, momentos…”, resume. Y no es registrar por registrar, es tomar fotos que impacten la realidad: “Cuando puedas ayudar para que se resuelvan los problemas, ya sean sociales, o ambientales, o lo que sea, tienes que hacer para que esto se solucione”. La propia carrera de José es la prueba viviente de sus afirmaciones. Él comprende la importancia del fotoperiodismo, y ha sabido mostrarla al mundo.

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