I Wish: el mundo que aprendimos a reconocer

Kohichi y Ryunosuke son un par de hermanos cuyos padres se han divorciado hace 6 meses. Kohichi se muda con su madre a la casa de sus abuelos en lo que esta encuentra algún trabajo, mientras que Ryunosuke se queda a vivir con su padre, un músico holgazán que trata de salir adelante. El rumor de que si pides un deseo cuando dos trenes se cruzan por primera vez llega a cumplirse los llevará a embarcarse en un viaje para alcanzar su objetivo: restablecer a su familia.

El director japonés Koreeda Hirokazu nos presenta esta conmovedora historia en sintonía con el cine que suele realizar. Tal y como nos lo había demostrado en Nobody Knows y Still Walking, el tema de la familia permanece central en su filmografía, convirtiéndose ya en un experto en el desarrollo de este tipo de núcleos y su relevancia para los personajes involucrados. Si hay algún director que sepa plasmar sus conflictos, afectos y contradicciones, ese es Koreeda.

Por otro lado, el trabajo actoral con niños resalta por su naturalidad y buena química. En todo momento ese vínculo entre hermanos y amigos nos da un sentido de veracidad que lleva al espectador a empatizar con los personajes. Sus padecimientos, alegrías y diversiones son los nuestros por ese acercamiento que raya con lo documental. Si bien las actuaciones de los actores veteranos son también destacables, es en los niños donde realmente se encuentra el meollo del asunto, ya que es desde su perspectiva que los vemos en medio de sus pequeños dramas, pero no por eso menos importantes.

Y es que la grandeza de la película radica en su interés por mostrarnos qué es ese mundo por el que tanto se preguntan nuestros protagonistas. Si bien los niños que vemos en pantalla no saben con exactitud lo que es el mundo, sí experimentan su realidad como cualquier adulto lo haría. El abanico de personajes relacionados a Kohichi y Ryunosuke permite ahondar en esas vivencias diarias de dureza chocante. Desde el tener que lidiar con un padre jugador o una madre que no confía en uno, hasta el drama de tener padres incompatibles e incluso el enfrentar la pérdida de un gran amigo de cuatro patas.

Pero entonces, si los niños sufren esto, ¿qué los diferencia de los adultos? Una vez llegados al punto de cruce de los dos trenes, los jóvenes piden sus deseos: todos esperan que su petición por solucionar sus problemas se haga realidad. Pero en eso, Koreeda coloca una secuencia extraordinaria. Lo que presenciamos es un montaje de momentos diversos ya vistos en la cinta, pero ahora mostrados desde un ángulo distinto. Ello viene a representar el mundo en sí y lleva a la transformación de Kohichi, el principal interesado en el restablecimiento de su familia. Cuando ambos hermanos ya están a punto de despedirse, Kohichi le confiesa a Ryunosuke que no pidió por su familia, sino que prefirió elegir al mundo.

Lo que separa a los niños de los adultos no es su incapacidad por enfrentar la realidad, sino la aceptación de que algunas cosas no pueden cambiar solamente con desearlas. A veces uno solo puede lidiar con lo que sea que está atravesando porque escapa al control que podamos tener. Y no es que alguien tenga la culpa, sino que así es la vida y ese es el papel que nos toca tener. I Wish (Kiseki) puede ser vista de forma gratuita por el sitio web Zoowoman. No pierdan la oportunidad de ver esta joya del cine asiático. Por: Kevin Rivera

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