• Kevin Rivera

I´m Thinking of Ending Things: lo que queda después del amor


El pasado viernes 4 de septiembre se estrenó en Netflix la más reciente cinta de Charlie Kaufman: “I´m Thinking of Ending Things”. Luego de un lapso de cinco años desde su última película, el director estadounidense vuelve con lo que debe ser su trabajo más audaz y complejo hasta el momento, contrario a lo que uno normalmente pensaría conociendo el trayecto que ha tenido su carrera.


Kaufman se hizo conocido en la industria por ser el guionista de cintas como “Being John Malkovich”, “Eternal Sunshine of the Spotless Mind” o “Confessions of a Dangerous Mind”, todas dirigidas por terceros. En ellas podemos ver los recurrentes elementos fantásticos que suelen caracterizar su escritura, pero de una forma contenida, encauzada por la visión de un director con sus propias aspiraciones por contar una historia personal. No fue hasta su debut con “Synecdoche, New York” que pudimos verlo en todo su esplendor, jugueteando con aquel surrealismo y existencialismo que lo hicieron reconocible. Sin embargo, la mala recepción en taquilla que tuvo lo llevó a esperar siete años para sacar su siguiente película, “Anomalisa”, a la cual tampoco le fue bien.

Teniendo en cuenta la mala racha, uno pensaría que optaría por realizar un proyecto más accesible a las masas que le permitiera financiar futuras películas. No obstante, Kaufman prefiere anteponer su visión a las preferencias del público, llevando a cabo una cinta profunda, de difícil visionado y múltiples ángulos, pero que en esencia sigue abordando los mismos temas que lo interesan desde el inicio de su carrera. “I`m Thinking of Ending Things” nos presenta a una mujer cuyo nombre y profesión nunca quedan claros, en un viaje junto a su novio a la casa de los padres de este. En el trayecto, ella pensará en terminar su relación, sin saber muy bien cómo hacerlo. Pero ello solo será el punto de partida de un viaje de mayores repercusiones.


La protagonista nos introduce en sus dudas y divagaciones por medio de una voz en off que poco a poco toma la forma del monólogo interior utilizado como técnica narrativa por autores como James Joyce, Virginia Woolf y William Faulkner. Aquellos saltos entre pensamientos de forma desordenada van traspasando los límites del recurso cinematográfico para apoderarse de la película en su totalidad, con lo cual esta se va transformando en una serie de escenas (al parecer inconexas) que escapan a la realidad y pasan a ser una materialización de las tribulaciones de nuestra heroína. ¿Qué es el amor? ¿Qué lugar ocupa en nuestra vida? ¿Qué debemos esperar de él? ¿Hacia dónde nos lleva? Todas son posibles preguntas que pueden interpretarse, mas no llegar a nada concreto.


Es interesante cómo Kaufman juega con el género del terror y lo pone al servicio de sus intenciones. Constantemente se tiene la impresión de que los personajes no pertenecen al lugar en el que se encuentran, que no deben estar ahí, que buscan quién sabe a dónde dirigirse o que son perseguidos por algo o alguien. El espectador experimenta esta sensación de extrañamiento y se siente incómodo, ya que sabe que algo está mal, pero no sabe qué es. La construcción de tal atmosfera es uno de los mayores logros de la película, a lo cual colabora la extraordinaria fotografía de Łukasz Żal, esperable de verla nominada en la próxima temporada de premios.


En esta búsqueda de un sentido para el amor en nuestras vidas, las convenciones clichés que el cine hollywoodense nos vende se quedan bastante cortas e incluso resultan patéticas. Kaufman lo parodia por medio de la proyección de una típica película romántica a cargo de Robert Zemeckis y la reproducción total del empalagoso discurso de la escena final de “A Beautiful Mind”, dirigida por Ron Howard. De esa forma critica esta visión simplona de los vínculos amorosos al señalarlos como insuficientes para lidiar con los problemas reales de un mundo en el que es imposible comprender a otra persona por completo, lo que nos lleva a un sentimiento de soledad inmenso.


Al final solo parece quedar el recuerdo del viaje, las buenas intenciones por lograr que funcione y el deseo de que el próximo tenga mejores resultados. Las comparaciones con el cine de Luis Buñuel o David Lynch que pueden surgir son naturales, pero lo que vemos es en realidad a un Charlie Kaufman más desatado y auténtico que nunca, cuyos intereses artísticos y temáticos parecen mantener la misma línea que ha tenido desde sus inicios y que ha logrado afinar con el paso de los años. Ojalá no tengamos que esperar tanto para ver el siguiente trabajo de este director.



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