• Andrés Armas Roldán

¿Generación del Bicentenario?


Foto: Kevin Rivera


Hace días, todo el Perú fue testigo del desmantelamiento del régimen de Manuel Merino por parte de jóvenes con compromiso y conciencia política; quienes, llegaron hasta las inmediaciones de la Plaza San Martín alzando su voz en protesta por el golpe de estado cometido el pasado 9 de noviembre. ¿Intereses ocultos tras las manifestaciones? Al menos no las de un sector que intenta “terruquear” y desprestigiar las marchas con discursos pobres en argumento. ¡Qué fácil se ha vuelto terruquear a quien pide a cantos y cacerolazos por un país más justo! ¡Qué fácil se ha vuelto terruquear a quienes pagan con canicas y perdigones dentro de sus cuerpos! La bajeza de estas acusaciones no hace más que evidenciar la debilidad de los argumentos dentro del debate. Y más parecen manotazos de ahogado por parte de los sectores ultraconservadores.

Como bien sabemos, el desinterés político era insostenible, y nos ha dejado una crisis nacional de la cual esperemos salir con hidalguía. Hoy más que nunca, el compromiso político debe estar latente. La democracia nunca ha sido gratuita y, en este caso, se ha cobrado, despreciablemente, dos vidas jóvenes. Nuestra memoria ya no puede ser tan frágil. Por esto, la conciencia de esta generación debe ser insobornable. Y que mejor oportunidad que la del próximo 11 de abril para reivindicarnos. Demostrar que podemos elegir bien y mejor. Sin embargo, es nuestro deber el exigir candidatos que estén a la altura de las circunstancias. Como mínimo, sin procesos abiertos ni expedientes fiscales. Que lo acontecido el 15 de noviembre, nos sirva como recordatorio de lo que podemos lograr si estamos despiertos. Dejando de lado la maldita resignación, que se ha adherido como mugre en nuestra piel en las últimas décadas.

Y es importante mencionar, hermanos y hermanas, que no inflemos el pecho por el nombre que nos han puesto los medios; quienes administran la opinión pública a su antojo. Pues estos recién se subieron al coche cuando la permanencia de Merino era insostenible. Y estos serán los mismos que nos señalarán con el dedo si se da una posible segunda ola de coronavirus en el Perú. Y por favor, debemos dejar la fea costumbre de lamer la suela del patrón de turno. No dejemos que nos endulcen el oído con versos etéreos. No caigamos en los mismos juegos retóricos en los que cayeron las generaciones pasadas. No pongamos sobre un pedestal a quien no se lo ha ganado; basta de estatuas vivientes. Hechos, señores.

La destitución de Merino del cargo presidencial que sea solo el inicio de un largo camino por recorrer. ¿Nueva constitución? No, señores, cambio de constitución. Recomponer los artículos e incisos que pueden hacer que se caiga en la malinterpretación de los términos, como pasó hace días con el artículo 115. Destitución de leyes absurdas: ¿Sueldo vitalicio para los ex presidentes? ¿Un sueldo de 15600 soles para el expresidente Merino? ¿Impunidad y protección para los congresistas?

La crisis política en el Perú está aún muy lejos de acabarse. Y es nuestra responsabilidad el seguir manteniéndonos vigilantes, para que los codiciosos y ávidos de poder no se acostumbren a utilizar el país para sus intereses personales, llenándonos de represión e incertidumbre. La crisis económica y sanitaria continua; sigamos limpiando nuestra casa.

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