• Carlos Vásquez

Elecciones y demócratas precarios en Bolivia

El domingo pasado, más de siete millones de bolivianos se dirigieron a las urnas para escoger al nuevo gobernante del país. Estas elecciones presidenciales se han dado a casi un año de la renuncia de Evo Morales tras las acusaciones de haber manipulado las votaciones del 2019. Como se recuerda, a partir de entonces, Jeanine Añez ocupó el cargo de presidenta interina.

Durante su gobierno, Añez tuvo que lidiar con las protestas y conflictos que se generaron por parte de quienes apoyaban al expresidente, y consideraban su salida como un golpe de estado. Además, a pesar de que había anunciado que las elecciones serían en mayo, estas tuvieron que postergarse debido a la llegada de la pandemia en la región.


Tras este breve periodo, finalmente llegaron las elecciones presidenciales. Elecciones que, al parecer, ya tienen un ganador, quien sería Luis Arce, ex ministro de Economía y candidato por el partido Movimiento al Socialismo (MAS). Si bien los resultados oficiales se anunciarán el miércoles, el resultado de boca de urna señala a Arce como ganador de la contienda, con más del 50% de los votos. Esta situación indicaría el regreso de Morales al poder debido a su influencia como presidente del Partido.


Ante el futuro escenario en el país, resulta pertinente analizar si los políticos bolivianos realmente tienen intenciones de gobernar bajo un estado democrático. Dargent sostiene que los demócratas precarios son una clase de políticos que defienden el sistema democrático solo cuando este resulta preferible a sus intereses privados. Pero en el momento en que el sistema es visto como un obstáculo para llegar a esos intereses, buscarán la forma de imponer un estado autoritario.


Volviendo al caso de Bolivia se encuentra entonces que, tanto Morales como Añez, se expresan y comportan a la medida en que el sistema les permita acceder al poder para sus propios intereses. Tras la salida de Evo, el partido MAS coordinó protestas masivas contra la presidenta interina, intentando de alguna forma “regresar al estado de democracia” que ella habría vulnerado. Sin embargo, queda claro que lo más importante era recuperar el poder aún si esto involucraba la destitución de la presidenta mediante la fuerza.


Del mismo modo, Añez al acceder al cargo, manifestó su interés por conservar la democracia y defenderla de personas como Morales, quienes la afectaban y se imponían sobre ella, interviniendo en procesos importantes como las votaciones electorales. No obstante, poco después se observó que no habría existido fraude alguno en las elecciones y que, de hecho, le correspondía a Morales gobernar por el nuevo periodo del 2019. En este caso se encuentra que la posición de Añez, más que en defensa de la democracia, está centrada en defender el poder que la derecha había ganado en Bolivia.

Finalmente, queda esperar al miércoles para los resultados oficiales del siguiente gobernante. Lo que al menos es claro, es que, en ambas facciones, izquierda y derecha, se observan discursos y actitudes que, más allá de buscar el bienestar de la población, expresan el deseo interno de los políticos para llegar a la cima cueste lo que cueste.


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