El PARÍS DE MARIO VARGAS LLOSA




Cuando aún era estudiante de San Marcos, Varguitas se presentó a un concurso organizado por la La Revue Française con su cuento El desafío. El premio consistía en un viaje de dos semanas a la “Ciudad de la Luz”: ciudad imaginada y romantizada; cuna del desarrollo intelectual y artístico del siglo XX, a donde iban los jóvenes que pretendían convertirse en escritores y artistas: «París era un requisito indispensable si uno quería convertirse en escritor».


Antes de resultar ganador, Vargas Llosa escribió un artículo de una obra teatral de Sebastián Salazar Bondy; y este retribuyó el rigor crítico del joven escritor ayudando a que su cuento sea el ganador; pues Bondy, era uno de los jueces del concurso: «Y pocos días después, él contribuyó a que ganara un premio que consistía, nada menos, que en un viaje a París», confesaba el nobel peruano en una exposición sobre la obra de Sebastián Salazar Bondy que realizó la Casa de la Literatura Peruana hace algunos años.


La admiración por Flaubert, Víctor Hugo y Dumas lo hizo soñar desde adolescente con visitar la ciudad parisina. La leyenda de París, como la capital de las artes, crecía en él cada vez que leía a estos autores. Así que, durante su educación universitaria, empezó a aprender la lengua de Baudelaire y Rimbaud, como también empezó a leer en francés para familiarizarse con esta; para así, recorrer algún día las calles, cafés y monumentos que habían sido inmortalizadas por estos colosos de la literatura. Ya en su etapa universitaria, las lecturas de Sartre habían calado dentro de nuestro candidato a escritor, y, sobre todo, cambiaron su panorama respecto a lo que entendía por literatura: «Y había leído ese libro de Sartre: ¿Qué es la literatura?, y me convenció que la literatura era un oficio al que había que entregarle el tiempo; y que era una vocación que exigía una disciplina, una constancia…»


Tras su llegada, buscaría a Albert Camus a las afueras del teatro donde el nobel francés estaba montando una obra. En un francés torpe, un joven y avergonzado Vargas Llosa le profesa su admiración al escritor francés, y, además, le regala el ejemplar de una revista, que probablemente sea la revista Literatura que fundó con Luis Loayza y Abelardo Oquendo.


Pero el sueño debía terminar. Regresó a Lima y ese año se graduó de bachiller en Humanidades. Y luego, gracias al consejo de Julia Urquidi —su tía y primera esposa—, postula a una beca de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Logra conseguir la beca y pasa un año en Madrid donde esboza las primeras páginas de lo que sería su primera novela: La ciudad y los perros.


Mas el dinero escasea y la beca se acaba. Debe volver a Lima y aún no ha escrito algo que realmente valga la pena. En una carta a su amigo Abelardo Oquendo, se confiesa:

«En la novela avanzo y me retuerzo. Me cuesta mucho trabajo. Creía tener el argumento perfectamente armado y ahora le encuentro puntos débiles. Me paso horas enteras corrigiendo una página o tratando de cerrar un dialogo. Y de pronto me lanzo a escribir sin parar una docena de páginas. No tengo la menor idea acerca de cómo está saliendo; pero me siento embriagado. Escribir es lo único realmente apasionante que existe».


Por eso, decide lanzar los dados por última vez. Mejor arriesgarse que volver a Lima. Con el poco de dinero que le queda, decide ir nuevamente a París. Pues como diría Cortázar: «Era preferible no ser nada en una ciudad que lo era todo». Así, tras algunos oficios como traductor y recolector de periódicos viejos que le permitieron sobrevivir por unos meses a la vida en la capital francesa; Mario Vargas Llosa logra, por fin, terminar La ciudad y los perros. El resto, ya lo sabemos.

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