El candidato celeste



En las últimas semanas se ha observado cómo las preferencias del electorado peruano cambiaban en cada nueva encuesta realizada. Los candidatos ganaban y perdían puntos, siendo más representativos Lescano y Forsyth, quienes subieron y bajaron respectivamente. Pero quien más desconcierto generó fue Rafael López Aliaga, que tan solo llevaba 3% de preferencia según la encuesta de IPSOS en febrero, y que ha incrementado su aceptación al 7,6% para fines de ese mismo mes según IEP.


Hay varios aspectos interesantes a destacar ante esta situación. En primer lugar, se sabe bien que en este país no suelen ganar la presidencia aquellos que encabezan las preferencias (en este caso Forsyth), y también se conoce que los candidatos de baja aceptación no logran obtener mayores votos. Solo en casos de un “outsider” o político independiente se ha visto que las preferencias se dupliquen e incluso que el candidato llegue a pasar a segunda vuelta (como ocurrió con Alberto Fujimori). Sin embargo, ese no es el caso particular de López Aliaga, puesto que su partido, Renovación Popular, surge a partir de Solidaridad Nacional.


Asimismo, López Aliaga no es una figura reciente en la política peruana, ya que ha sido secretario general de Solidaridad Nacional e impulsó la candidatura de Rosa Bartra en ese partido para las elecciones congresales del 2020. Como se recuerda, ni un solo candidato de SN terminó por ingresar y el partido estaba visiblemente desprestigiado debido a las investigaciones por corrupción que se hacían a su líder Castañeda Lossio. Por ende, resulta interesante conocer las razones por las cuales López Aliaga está ganando apoyo a pesar de haber pertenecido a SN.


Existen dos puntos importantes: el primero es la refundación del partido. Renovación Popular llega no sólo como un cambio de nombre, sino también como un cambio de ideas. Bajo el liderazgo de López Aliaga, el partido se alinea hacia una derecha extrema, conservadora y reaccionaria que ha calado en un sector de la población que siente amenazado su statu quo. Bajo esta línea existen cuestiones como los derechos de la comunidad LGBT+, que se verían perjudicados, ya que López Aliaga ha señalado su posición de perpetuar la heterosexualidad como única orientación sexual.


El segundo punto es el tecnicismo que representa RLA. Ha formado la imagen de un gestor y bajo ese argumento propugna su candidatura como apta para dirigir un país. Ello ha calado sobre todo en la juventud de clase media baja, que está adentrándose en la vida adulta, observa los problemas sociales que los rodea y cree que una persona titulada y exitosa económicamente está capacitada para llegar a la presidencia.


Sin embargo, queda resaltar que se han expuesto deudas de las empresas que llevan como dueño a RLA. En una investigación de La República se encontró que estas ascendían a más de 28 millones de soles. En adición a ello, el candidato señala estar en contra de Odebrecht, pero ha contratado a un abogado que defendió a dicha empresa. Asimismo, se encuentran contradicciones entre sus acciones y propuestas, ya que manifiesta estar en contra de los monopolios, pero él controla uno bajo PeruRail, empresa que mantiene la exclusividad del servicio de trenes a Machu Picchu.


Finalmente, estamos frente a un candidato que intenta sumar votos con proyectos que buscan llamar la atención, que ha amedrentado públicamente y acusado sin pruebas a otras personas que no se ciñen a su postura, lo cual hace dudar de su actitud diplomática, y trata de vender la imagen del profesional titulado. Ante este perfil, resulta necesario resaltar que, el hecho de viajar a otros países, obtener títulos profesionales o trabajar dentro del sector privado, no son condiciones suficientes para generar que una persona sepa cómo proceder ante los problemas internos de un país tan pluricultural como el nuestro.


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