• Carlos Vásquez

Cuarentena e informalidad en América Latina




Las cuarentenas en América Latina parecen llegar a su fin. Tal como ya se realizó en Perú, o como nunca se aplicó en Brasil, diversos países latinoamericanos terminarán, a inicios de setiembre, las cuarentenas obligatorias que han estado rigiendo en sus territorios. El levantamiento progresivo de las restricciones, sin embargo, no indica necesariamente una cuarentena exitosa dentro de los países. Por ejemplo, el número de contagios en Colombia se ha mantenido en ascenso, llegando incluso a la cantidad de 13 mil infectados por día. No obstante, el presidente Iván Duque ha anunciado que la cuarentena terminará este primero de septiembre. Por otra parte, en Argentina ya suman más de 400,000 contagios y las cifras diarias se han acrecentado hasta 11 mil casos nuevos por día. Aún así, Alberto Fernández ha planteado culminar la cuarentena para el 20 de este mes.


Ante ello, cabe preguntarse entonces ¿por qué se está permitiendo la movilización si lo que se busca es que las personas se mantengan en casa y así se reduzcan las tasas de contagios? La respuesta, de hecho, no es tan sencilla. Una declaración simple dentro de varias sociedades latinoamericanas es que las cuarentenas han fallado. No se suele respetar las normas que los estados imponen a sus habitantes. Tomando en cuenta el caso peruano, el psicólogo social Jorge Yamamoto mencionó recientemente que los peruanos tienen problemas de comportamiento, lo cual, repercute en el cuidado que se debe tener frente a la Covid-19. Este enunciado, si bien mantiene sustento, no permite visibilizar otro problema real que ha afectado a América Latina antes y durante la pandemia, que es la informalidad.


Millones de latinoamericanos han accedido a viviendas, trabajos y servicios de aspectos ilegales e informales, todo ello frente a la vista de un Estado consciente, pero ausente. Esta situación se ha agravado aún más con la pandemia que se vive actualmente, frente a la cual el acceso a puestos de trabajo se ha visto más reducido. Varias personas de estratos sociales bajos se arriesgan día a día para trabajar, ya que sus labores no pueden virtualizarse, como es el caso de empleadas del hogar o trabajadores informales sin contrato. Del mismo modo, se han reportado más de 41 millones de desempleados a causa de la pandemia en Latinoamérica. En consecuencia, varias personas se han visto en la necesidad de ingresar al mercado ambulatorio o al servicio de taxi dentro de las ciudades.


Más allá de los comportamientos, del latinoamericano desobediente, del que respeta las normas o de aquel que es cuidadoso y se mantiene en casa, las necesidades salen a flote en países donde se ha configurado una sociedad que vivía a través de la informalidad que el Estado permitía. Lo cual, lamentablemente, ha sido como construir una casa de naipes. La pandemia es, en este caso, la ligera brisa que va pasando.



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