• Sol Pozzi-Escot Noriega

Columna- ¿Qué nos enseñan los conflictos sociales en Nigeria?




Siempre es importante estar atento a los sucesos en distintas partes del mundo, ya que nos permiten ganar nuevas perspectivas respecto a nuestra propia realidad. Pensamos, en ese sentido, que es importante comentar los sucesos que se están dando actualmente en Nigeria, donde la población se ha levantado, una vez más, contra la brutalidad policial. De hecho, a raíz de la escalada en dichas protestas, contra la brutalidad policial cometida por el Escuadrón Especial contra el Robo (SARS por sus siglas en inglés), el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, anunció este lunes la disolución de dicho comando policial. El jefe de la policía nigeriana, Mohammad Adamu, anunció este miércoles la creación de nuevo departamento de Armas y Tácticas Especiales (SWAT), que vendría a reemplazar al rechazado SARS. Sin embargo, la población se mantiene escéptica, y líderes anuncian la prolongación de las protestas hasta que sus demandas sean atendidas. El SARS fue creado en 1992, como un comando policial dedicado a combatir una creciente y alarmante ola de crimen en Lagos, capital de Nigeria. Empezó con un grupo de 15 hombres, anónimos, que vigilaban puntos clave de la capital nigeriana, camuflados como ciudadanos comunes y corrientes. Sin embargo, muchos atribuyen a esta libertad la creciente violencia perpetrada por este grupo, que, de acuerdo a las acusaciones, ha escalado gravemente en los últimos años. De hecho, Amnistía Internacional ha registrado 82 casos de torturas y malos tratos, que han llevado a la muerte de algunas víctimas, entre enero del 2017 y mayo del 2020. Se asume que la cifra real es mucho mayor. En este contexto, arrancaron las protestas la semana pasada, buscando presionar al Gobierno a cumplir con ciertas demandas de la población. Las principales son una investigación y eventual condena de los agentes que cometieron actos de violencia, justicia para las víctimas, la liberación de los detenidos en las protestas, y mejor paga para la policía, para así evitar que persigan a ciudadanos para exigirles dinero. De acuerdo a las denuncias, el escuadrón SARS comete abusos, ante todo, hacia personas jóvenes, a las cuales intentan quitar dinero, y, ante una eventual negativa y resistencia de las víctimas, los agentes proceden a la tortura. Y decimos que es una temática importante, ya que resulta más o menos fácil establecer un paralelo entre los hechos en Nigeria, y ciertas circunstancias en nuestro país. Ante el aumento de la actividad criminal, particularmente en nuestra capital, donde criminales operan con total desparpajo y, en muchos casos, impunidad, no van a faltar los candidatos que vengan a prometernos acabar con el crimen, cueste lo que cueste. Y si bien es urgente mano dura y tolerancia cero para acabar con esta intolerable ola de crimen, es nuestro deber como ciudadanos informarnos, para determinar quién tiene un verdadero plan, articulado e inteligente, para acabar con la delincuencia, y quién busca hacerse de activos políticos con la zozobra causada por dichos criminales. Tenemos el ejemplo de Nigeria, donde medidas similares terminando siendo contraproducente: agravaron la violencia y la corrupción.

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