CABALLOS DE TROYA



Cual Nostradamus, el último número del seminario Hildebrandt en sus trece sacó en su portada del viernes a los dos postulantes que hoy ocupan las únicas opciones para sentarse en el sillón presidencial. Por un lado, Pedro Castillo, profesor rural quien el seminario lo asocia al MOVADEF —brazo político de Sendero Luminoso— en los años del paro del magisterio organizado por el SUTEP. Y en la otra esquina, Keiko Fujimori, quien por tercera vez postula a la presidencia y tiene investigaciones activas por delitos de lavado de activos en sus campañas del 2011 gracias a los aportes de ODEBRECHT.

La elección de Pedro Castillo podría resultar más comprensible. Sus votos son el reflejo de una población que se siente olvidada y marginada; dentro de escenarios periféricos respecto a Lima. En respuesta, Castillo ganó en los departamentos más pobres del país. No es gratuito que Castillo haya arrasado en Cajamarca, que es el departamento más pobre del territorio nacional y región donde el aspirante a la presidencia nació. La respuesta del primer lugar de Pedro Castillo se desarrolla gracias a una voz que grita: «¡Aquí estamos; el Perú también es nuestro!».

Lo que resulta interesante —y escalofriante a la vez— es la llegada por vez tercera de Fujimori a una eventual segunda vuelta. A Keiko solo le bastó una de sus cabezas de derecha —un 13% frente al 39% que significaron las elecciones del 2016— para llegar a segunda vuelta. El mejor escenario para Keiko Fujimori era enfrentar lo que significa la izquierda de Pedro Castillo, pues Fujimori tendrá el respaldo total de la derecha. Quien unirá nuevamente sus cabezas cual Cerbero para derrotar a la izquierda radical de Castillo.

El escenario es más sombrío que nunca. A Keiko la nombrarán la “salvadora” del socialismo marxista. Y nos queda claro que los principales medios de comunicación —quienes tienen la mayor influencia a nivel nacional— demonizarán la figura de Castillo y pondrán a Fujimori como la opción más viable y razonable. Si en las elecciones del 2016 PPK fue el “mal menor”; ahora Keiko reclama este rotulo en las presentes elecciones. De contrincante ya no tendrá a otro candidato de derecha como PPK. Castillo es el monstruo del conservadurismo. Y harán lo necesario para que no llegue a la presidencia.

Por su parte, Castillo no pretenderá jugar la misma mano de Verónika Mendoza. Es decir, obtener los votos del centro y la derecha. El discurso de Castillo seguirá siendo el que lo llevó a segunda vuelta: populismo. Un populismo que buscará en el interior del país. Pues, no hay una sola forma de llegar a la presidencia en el Perú. Estas elecciones nos han dejado una gran lección: los ingredientes para llegar al poder pueden ser diversos y sustituibles. Los porcentajes de Pedro Castillo para pasar a segunda vuelta fueron mínimos. Castillo ocupa el primer lugar no con muchas votaciones. Un 18% suponía un tercer o cuarto puesto en elecciones pasadas —la izquierda representa un tercio de las votaciones—, pero la fragmentación de la derecha le dio el pase directo a las instancias finales.

Por otra parte, ¿qué pasará con el proceso judicial contra Keiko Fujimori? El juicio está activo. El fiscal Domingo Pérez presentó en marzo más de 13,000 folios y más de 30 años de cárcel para la señora Fujimori. En caso sea elegida presidenta —y es lo más probable que suceda—, ¿se le protegerá? ¿Responderá luego de terminado su eventual gobierno? La situación entre los dos candidatos que han llegado a segunda vuelta responden a la posición de un país claramente polarizado. El pesimismo en estos momentos tiene una carga muy pesada. Ambos candidatos llegaron hasta aquí como Caballos de Troya: mientras todos estaban preocupados en candidatos que no terminaron de explotar, Castillo y Fujimori aprovecharon una pequeña brecha para meterse en segunda vuelta y eventualmente al cargo presidencial.

¿Bicentenario? Nada que celebrar. Nunca lo hubo. El Perú es un país fragmentado que tiene una incapacidad de unión claramente reconocible. Lo que debería ser nuestra mayor cualidad —la diversidad cultural y racial— se convirtió en nuestro talón de Aquiles. En junio el votante se pondrá la venda en los ojos y decidirá no tener memoria, pues en nuestro país cada vez se puede estar peor. Si pensamos que este año sería mejor que el anterior, no pudimos estar más equivocados. La crisis política y del COVID nos ha explotado directamente en el rostro. Se vienen años dolorosos.

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