BREVE HISTORIA DE LOS POPULIBROS PERUANOS



El sector editorial en el Perú a mediados del siglo pasado resaltaba por la escasez de editores. Solo México y la Argentina poseían una industria editorial respetable. En nuestro país, el libro extranjero era el único que lograba afianzarse entre los pocos lectores que había. Por lo tanto, la tarea de masificar la lectura y a su vez desarrollar una labor editorial seria, eran tareas urgentes que ya no podían posponerse.

El acto de editar un libro en el Perú se había vuelto una misión titánica; y más aún si el escritor era un total desconocido. Una apuesta para los editores en la que perder era la opción más obvia. Además, si el libro terminara existiendo, ¿lo leería la gente? ¿lo comentaría la crítica? Lo más probable es que se empolvara en las estanterías de las librerías; destinadas al olvido y a la anécdota. «Publicar aquí es tirar el dinero a la calle», decía un enfadado Salazar Bondy en una nota de prensa. Y con razón; la crisis que atravesaba la cultura en nuestro país era alimentada por la poca o nula actividad editorial. Además, el país alcanzaba un 40% de analfabetismo. Y eran pocos los destinados a lograr que el barco vuelva a ponerse en rumbo; si alguna vez había partido.

En ese orden, los Populibros peruanos son el intento concreto de lograr una “Cultura para todos”. Que llegue a lo más recóndito de nuestro territorio nacional y a un precio accesible. Bajo la dirección de Manuel Scorza —escritor recordado en nuestro país por su fabulosa pentalogía La guerra silenciosa—, quien se propuso publicar libros baratos en ediciones masivas que lleguen a todo el país, pues en los sectores rurales no se podía acceder con facilidad a los clásicos de la literatura peruana, latinoamericana y universal. Misión con la que se comprometería luego de pasar años en México y aprender sobre el sector editorial en este país; quienes se encargaban de publicar libros que promovían una identidad nacional a muy barato costo; es decir, una lectura de masas.

En 1956 Scorza lanza el “Primer Festival del libro” en el Perú, con la ayuda de Juan Mejía Baca, P. L. Villanueva y Manuel Mujica Gallo. Promocionando allí y lanzando el primer tiraje de un proyecto de lectura masiva. Las primeras publicaciones de estos libros populares traerían a escritores como José Carlos Mariátegui, Garcilaso de la Vega, Ricardo Palma y Cesar Vallejo, entre otros. Más adelante, con las posteriores series se publicarían a escritores extranjeros latinoamericanos como Pablo Neruda, Rómulo Gallegos y Alejo Carpentier. Los tirajes por libro excedían los 20 mil, alcanzando el millón de ejemplares vendidos. Mas el sueño debía acabar, y las publicaciones mostraron declives entre los que se habían sumado al proyecto y finalmente dejaron de publicarse.

En 1963 Scorza convencería nuevamente a Manuel Mujica Gallo para que se sume al nuevo proyecto editorial que tenía en mente. La idea era la misma, pero ahora se llamaría Populibros peruanos. Para el nombre, Scorza se inspiró en el Populibros La Prensa que ya existía en México y tenía una buena aceptación del público. Así, y con un buen cauce publicitario, los Populibros lanzaría su primera serie de la mano de autores como Ciro Alegría, Miguel Ángel Asturias —quien años más tarde ganaría el Nobel—, Enrique López Albujar, Luis Alberto Sánchez, entre otros. La aceptación de los Populibros fue tal, que llegaron incluso a venderse en las fábricas de D’Onofrio y Nicolini. La calidad de los libros era modesta, y la mayoría de publicaciones no superaban las 150 hojas. Para acrecentar la publicidad de los libros, Scorza se valió de su amistad con Sebastián Salazar Bondy para que este reseñara y escribiera introducciones para los libros. Demostrando la seriedad cultural e intelectual que pretendían asentar las publicaciones.

Así, esta gran labor editorial se sumó a proyectos reales como el “Circulo de novelistas peruanos” de Enrique Congrains, “Editora Perú Nuevo” de Gustavo Valcárcel y a la “Editorial Juan Mejía Baca”. Sirviendo como instrumento de difusión de la cultura e inteligencia. En un país que pedía a gritos por estas.

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