Asalto al Capitolio de EE.UU. clasificado como “terrorismo”



Ha pasado algún tiempo desde el incidente ocurrido en el Capitolio de Estados Unidos, en el cual un número significativo de simpatizantes de Donald Trump vandalizó el lugar a modo de protesta por los resultados de las elecciones presidenciales. A raíz de ello, han surgido distintas polémicas, tales como el atribuirle una supuesta autoría al antedicho ex – presidente por haber “instigado” a sus seguidores a llegar a cabo tales acciones. Sin embargo, recientemente, el FBI resolvió clasificar dicho asalto como “terrorismo doméstico”. En el presente análisis, se examinará cuáles son los requisitos necesarios para poder atribuirle a un acontecimiento el carácter de “terrorista” y, del mismo modo, se evaluará si el ataque en cuestión puede ser catalogado como tal.


Si bien la premisa básica del terrorismo recae en que el atentado en cuestión debe tener como objetivo final el provocar miedo o, en situaciones de mayor escala, pánico, para condicionar a uno o varios grupos determinados en función de los designios de quienes realizan el acto, lo cierto es que también hay otros aspectos que no pueden ser ignorados. En primer lugar, un acto terrorista debe ser hecho con el fin premeditado de causar temor. Es decir, el objetivo final de coerción debe ser hecho de manera consciente. Por lo tanto, aquí cabría formular la siguiente pregunta: quienes se apersonaron en el Capitolio y lo vandalizaron ¿tenían el fin de provocar terror? Podría alegarse que sí, del mismo modo en que es posible señalar que, en realidad, el acto fue una reacción impulsiva y poco reflexionada por parte de los simpatizantes de Donald Trump.


En segundo lugar, como se ha mencionado anteriormente, un acto terrorista, ya sea de parte de un conjunto de personas o de una entidad, debe tener una finalidad, ya sea política o no. De tal manera, es posible alegar que el ataque al Capitolio tenía como objetivo principal el revertir el resultado de las elecciones. Sin embargo, también es posible señalar lo contrario. Si bien la reacción de los atacantes puede ser catalogada como poco reflexiva ¿qué tan probable es que estos hayan tenido como factible el que sus acciones

tuviesen un resultado político?


Al tener en cuenta tales cuestiones, la posibilidad de catalogar la situación ocurrida en el Capitolio como “terrorismo” es un tanto complicado. Del mismo modo, el hecho de atribuirle esta etiqueta, evidentemente, conllevará a consecuencias políticas inequívocas, como podría serlo la reinversión de una buena parte del capital estatal en seguridad interna. Por lo tanto, la conclusión a la que puede llegar el presente análisis es que, si bien el carácter de “terrorista” o no del ataque al Capitolio puede ser debatible, el hecho de hacerlo puede resultar ser favorable a ciertas posturas políticas del nuevo gobierno.


Redactado por Adrián Torres John


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