50 AÑOS DE REDOBLE POR RANCAS


Ya han pasado un poco más de 50 años desde la aparición de Redoble por Rancas (1970). De la mano de Manuel Scorza (Lima, 1928), se nos presenta una novela que es expresada y motivada por el discurso histórico y periodístico. Redoble por Rancas sería la primera novela de un ciclo narrativo llamado La guerra silenciosa; que, a través de cinco novelas, se encargaría de narrar la lucha del campesinado de Pasco por recuperar sus tierras. Los hechos hacen referencia a la situación de la sierra central de los años cincuenta, entre 1950 y 1962.

Como critico implacable de la sociedad peruana, Scorza consideraba que el escritor, aunque pudiera estar de acuerdo con el gobierno, no debía aceptar funciones técnicas, y debía permanecer siempre del lado de la protesta, de la crítica, de la oposición. Y esto lo vemos evidenciado dentro de la posición que toma como escritor. Esta posición enfrentó a los que querían silenciar desde las esferas oficiales y de poder; contra quienes clamaban justicia. Entonces, vemos que a lo largo de la novela se da una visión de los vencidos, pero desde sus hombres educados, aquellos que hicieron de la alfabetización un medio para acceder a la información, la denuncia y la escritura, para otorgar visibilidad a los hechos y afirmar la identidad de los grupos humanos explotados.

En la novela, el proceso de concientización se inicia entre los comuneros a partir de la aparición del Cerco, este enorme y vasto «Amaru» que llegó de la noche a la mañana para rodear todo Rancas. Así, los personajes poco a poco van comprendiendo la realidad, sobre esa nueva afrenta que llegaba a sus vidas. Las distinciones de poder son claras en Redoble por Rancas; y los bandos son fácilmente reconocidos por el lector. Por eso, vemos episodios como cuando los comuneros, una vez que tomaron conciencia de esta materialidad, organizaron la resistencia: "Los gringos nos cercan y nos persiguen como a ratas. La tierra no es de ellos. La tierra es de Dios [...] desde nuestros abuelos, y aún antes las tierras eran de todos. Ni alambrados, ni cercos, ni candados conocimos hasta que llegaron estos gringos (Ibíd.120)."

En contraste con la aparición del Cerco y lo que podía representar en el desalojo de sus tierras, la valentía del campesino crece e insufla el ánimo de sus compañeros de la comunidad, especialmente de las autoridades, a quienes pide organizar a la gente para resistir colectivamente contra los hacendados. Scorza recrea un escenario fiel —que los peruanos conocemos a la perfección— en el que las autoridades ningunean o minimizan la situación crítica que sucede fuera de Lima.

Podríamos decir que Scorza pretendió con la serie de novelas: La guerra silenciosa; que, las novelas, con sus testimonios y discursos ficcionales, puedan mostrar la crudeza de la explotación; como también, los mecanismos de la deshumanización habida allí. Y que, a pesar de este sometimiento, los campesinos eran capaces de hacer grandes protestas y levantamientos para transformar la realidad social en la parte sur del país. Así, Manuel Scorza, demostró siempre una independencia de criterio que lo constituyó; en palabras de Ernesto Sábato, en el ejemplo de lo que debe ser un gran escritor: un testigo insobornable.

En una bonita edición, la editorial Alfaguara lanza la edición conmemorativa por los 50 años de la novela, que se encuentra entre las principales librerías del país. Lo que resalta en esta edición, es el dossier fotográfico de Scorza, como también, un reportaje sobre la liberación de Héctor Chacón —uno de los protagonistas de la novela—, que se dio luego del éxito de la novela y la visibilidad que Scorza le dio al problema de Pasco.

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