• Sol Pozzi-Escot

Kanye West y la neo-fama


Hablábamos, en una columna anterior, de la muerte del idílico sueño de la fama hollywoodense, aquella de flashes, alfombras rojas y eterna belleza. De hecho, la tragedia humana, aquella que se cocina, surge y explota en la realidad, ha terminado por engullir, con la llegada del COVID-19, la ilusión de esa fama trascendente.


Habiendo dicho esto, resulta interesante ver cómo la polémica figura del rapero norteamericano Kanye West, (hoy transformado en un conservador y mentalmente inestable candidato a la presidencia norteamericana), termina por ejemplificar la decadencia de todo lo sagrado en un mundo pre-COVID. Entiéndase la fama y el poder, tanto mediático como político. Comencemos con el primero.


Ha sido un largo proceso el que llevó a este punto de desgaste. El carácter ilusorio de la fama es un tema que ya ha sido tratado, por ejemplo, en películas como “Sunset Boulevard”, de 1950, y, más recientemente, en la misma música pop, con, por ejemplo, el disco debut de Lady Gaga, convenientemente titulado “The Fame”. Sin embargo, hoy, con el boom de las redes sociales, la fama no significa nada más que viralidad momentánea, lo cual ha hecho que, de cierta manera, el público cambie de enfoque a la hora de compartir y comentar noticias en línea: se privilegia lo potencialmente viral, dejando en segundo plano el comentario de fondo. Fue de esta manera que, de acuerdo a muchos, terminó surgiendo y estableciéndose la figura política de Donald Trump: el escándalo y el shock atraen y obsesionan.


La idea de una candidatura presidencial ha rondado la mente de West hace ya unos cuantos años. Fue justamente el éxito de la candidatura de Trump que inspiró al rapero: “El triunfo de Trump demuestra que yo también puedo ganar la presidencia”, dijo en una ocasión. ¿Eso significa que debería postular? Ciertamente no. Sin embargo, el mero hecho de que lo haya considerado, y haya dado ciertos pasos en ese sentido a lo largo de las últimas semanas, es también revelador del estado actual de la política en el mundo.


El mundo está más que harto de la política tradicional. En ese sentido, podemos incluir la candidatura de Kanye West en la misma línea que aquella de Trump. El fracaso de un establishment político, académico y culto, ha abierto el espacio necesario para que se abra camino una candidatura como la de Trump, y, ahora, la de West. Ambas candidaturas, para bien o para mal, muestran que el futuro de la política se encuentra en aquellos personajes que logren conectar con los nuevos votantes, los hijos de esta neo-política anti establishment. Y nuestro país, con sus Urrestis de hoy y Fujimoris de ayer, parece también seguir esa línea. Es importante, por lo tanto, encarar este reto actual con la responsabilidad necesaria. Sí, no pueden ser los mismos de siempre. Pero no, no puede ser cualquiera.


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