• Sol Pozzi-Escot

¿QUIÉN MATÓ A HOLLYWOOD?



Era algo que se venía venir. Lo presentíamos cuando, cada año, se anunciaba que la más reciente ceremonia de los Oscar había sido la menos vista, en términos de rating, en la historia de la premiación. Lo presentíamos, también, cuando escuchábamos en boca de varias personas que, en la actualidad, ver una película en Netflix resulta una opción más atractiva que hacerlo en el cine. Y hoy, a raíz de las revelaciones presentadas por Anonymous, independientemente de su veracidad o no, parece que estamos más cerca que nunca de ver cómo esa sospecha se vuelve realidad. ¿Es el fin de Hollywood?


Comencemos por lo primero. Digo “independientemente de la veracidad” de las acusaciones ya que una imagen de lo que parece ser un registro telefónico de contactos no es- oh, sorpresa- prueba suficiente para asumir que los personajes mencionados son los secuaces de Epstein. Asumiendo que, en efecto, esa lista de contactos sea real, eso tampoco prueba, en lo absoluto, que esa fuera una lista de sus cómplices. Y es por esta situación que, cuando explotó la noticia en Twitter, teníamos cientos de incautos diciendo que WIll Smith estaba en esa lista, ya que lo había leído por ahí, para luego, al confirmarse que Smith no está en la lista, retractarse, como endebles payasos.


Habiendo dicho esto, pasemos al meollo. Verdad o no verdad, esas acusaciones muestran, por lo menos, que ese velo divinizado de grandeza espiritual y estética que cubría la- ahora descubrimos- podredumbre de Hollywood ya no es lo suficientemente grueso como para engañar al público. Vivimos, hoy, en un mundo en el que es totalmente posible que tal o tal celebridad forme parte de una red de pedofilia (o cualquier otra atrocidad). Los ídolos, en plena pandemia, han terminado de caerse, y nada es impensable. La crueldad, la tragedia y la maldad están a la vuelta de la esquina. Está en el mundano COVID y en la una vez inalcanzable élite hollywoodense.


¿Qué nos queda, entonces, si todo aquello que veíamos como trascendente (en el sentido de más grande que lo cotidiano) amenaza con terminar de reventarse en nuestras caras? Pues quedamos nosotros, todos nosotros que trabajamos de manera honesta, todos nosotros que todos los días hacemos grandes esfuerzos para que nuestro mañana, y el de nuestros iguales, sea mejor. Es algo que vemos, por ejemplo, a través de las protestas en Estados Unidos, donde el racismo y la nulidad mental del presidente han llevado a muchos sectores de la sociedad a adoptar la creencia de que ya nada considerado oficial, nada dotado de una aparente trascendencia, tiene valor supremo. En ese sentido, a lo mejor, podríamos hablar de la muerte de Hollywood, pero como un fenómeno enmarcado por la- y de esto sí no tenemos duda- muerte del sueño Americano.


O resumamos la columna en una frase: ahora descubrimos que el velo que cubría a Cary Grant ocultaba a Richard Swing



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