• Sol Pozzi-Escot

EL REINO DEL POSTIDIOTISMO


Si hasta hace poco, durante el inicio de la llamada “era Trump”, nacida en un mar de fake news y alternative facts, nos preocupaba el triunfo de la mentira y el surgimiento del culto a la posverdad, hoy ese temor se nos presenta más latente que nunca.

La desinformación, hoy por hoy, es más peligrosa que nunca. No solo porque confunde, engaña y manipula nuestro ser en el plano social y político, mintiéndonos para convencernos de adoptar ciertas porsturas, sino porque ahora nos amenaza también en el plano sanitario.

Y no, no hablamos únicamente de Chibolín y sus gárgaras, o de la niña del Apocalipsis, sino de todo un despliegue de información falsa respecto al COVID-19, estructurado a través de páginas web enteras, de documentales, artículos, que, en base a información falsa (o extremadamente lejos de ser corroborada), nos intenta convencer de que el culpable de todo esto es Bill Gates que se alió con sus amigos los chinos para matarnos con su nuevo engendro omnipresente, el 5G, dando posibilidad de supervivencia a todo aquel afortunado que le compre la vacuna.

Y es comprensible, de hecho, el ser renuente a aceptar información y datos provenidos de un stablishment venido a menos y muy criticable, que tiene a la Organización Mundial de la Salud a la cabeza, por el enfoque politizado, amarrado a intereses económicos, que le dan a muchas problemáticas.

Sin embargo, y lamentamos decirlo, las fuentes oficiales son las únicas en que podemos tener un cierto grado de confianza. Se trata de organizaciones conformadas con personas altamente capacitadas para el trabajo, que buscan, como nosotros, soluciones a un problema inédito. Y el mayor riesgo es el siguiente: si no confiamos, siquiera un mínimo, en la información corroborada que nos brindan las fuentes oficiales, ¿con qué criterio determinar si la respuesta correcta la tiene Chibolín, el loquito en Youtube que te dice que el mundo se va a acabar, o la señora iluminada que ve en todo esto la implantación de un Nuevo Orden Mundial? ¿Cómo saber? Si no tenemos un estándar básico que nos permita confiar en la información, a saber la corroboración de la misma, nos encontramos, en pocas palabras ad portas del nacimiento de la era del post-idiotismo. Todo es verdad, todo es mentira, la razón la tiene quien mi antojadiza voluntad decida. Si no tenemos esos cuidados hoy, el reino de la posverdad, que poco a poco amenaza con instalarse en el mundo, será, esta vez sí, una realidad.



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