• Adrián Torres John

Columna – El ser humano y las pandemias: la distancia entre el Covid – 19 y la Peste Negra


Las pandemias ha sido una constante a lo largo de la historia humana desde sus orígenes. Actualmente, el impacto extendido de la gripe española, la viruela, la lepra, entre otras enfermedades, es materia de estudio de la Historia de las Mentalidades, apartado de las Humanidades que comenzó a desarrollarse a mediados del siglo XX, dando paso a un nuevo enfoque sobre la psicología y el imaginario colectivo. En ese sentido, un método de aproximación utilizado por el académico Jean Delumeau, reconocido historiador sobre las mentalidades religiosas en Europa, es el análisis del miedo y sus efectos generalizados en la conducta humana durante tiempos críticos, tales como el escenario de la Peste Negra, en el que perecieron más de 50 millones de personas, y que el autor Albert Camus narra con notable excelencia de detalles. A continuación, se profundizará en dos factores que se examina en dichos análisis, el temor y sus efectos generalizados sobre una o varias sociedades, a modo de comparación entre la pandemia del año 1348 y el contexto actual del Coronavirus. El miedo es un rasgo natural del ser humano que apunta hacia la autoconservación y supervivencia. No obstante, cuando este llega al nivel de “pánico” y comienza a nublar las acciones y actitudes de un conjunto de personas, podría tornarse en algo muy dañino. A su vez, el temor en exceso puede desencadenar actos de violencia y desenfreno que no serían comunes en una contexto típico. Durante los tiempos de la Peste Negra, de la mano con una evidente ignorancia sobre la naturaleza de la enfermedad, la población de múltiples ciudades de Europa sucumbía ante el terror, llegando a producirse actos de verdadera crueldad. Para profundizar en lo anteriormente señalado, es posible recurrir a las palabras del propio Giovanni Bocaccio, quien cuenta lo siguiente: “tan grande era el espanto que esta gran tribulación puso en las entrañas de los hombres, que el hermano desamparaba al hermano, y el tío al sobrino, y la hermana a su hermano querido, y aun la mujer al marido; y, lo que era más grave y resulta casi increíble, que el padre y la madre huían de los hijos tocados de aquella dolencia” (Delumeau 2012: 41). Del mismo modo que lo anteriormente descrito, en el contexto europeo de 1348, era posible identificar actitudes de desenfreno y falta de reflexión. Al observar la muerte en el entorno y una posibilidad casi inminente de sucumbir ante la peste (misma que podía ser de naturaleza sanguínea, pulmonar o bubónica) un conjunto significativo de personas daba rienda suelta al alcoholismo, a la gula, a todo tipo de adicciones, etc., en un pensamiento irracional de “hacer de todo antes de que llegue la muerte”. Hoy, muchos siglos después, no sólo conocemos más a profundidad la naturaleza de las pestes y de sus efectos, sino que, de forma paralela, a raíz de una estructuración cimentada en leyes, política, moral y cooperación, el ser humano es capaz de controlar el miedo y sus efectos. Hoy, si bien podemos ser testigos de reacciones de pánico como la compra excesiva en supermercados, lo que impera es la ayuda mutua y el accionar colectivo y solidario para superar el escenario del Coronavirus, por encima de la supervivencia individual. El ser humano no sólo ha llegado a conocer más sobre el mundo que lo rodea, sino que, del mismo modo, ha logrado ser consciente de sus propios miedos y actuar en consonancia de lo que es correcto, aún en medio de una pandemia. La humanidad ha salido victoriosa frente a otras epidemias mucho más agresivas como la Peste Negra. También se recuperará de esta.


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