• Sol Pozzi-Escot

Dra. Matilde Caplansky: "No queda más que seguir para adelante"


¿Cómo sobrellevar, en nuestra mente, una tragedia mundial sin precedentes? La crisis del COVID19 no representa solamente una amenaza a nuestra salud física sino, también a nuestro bienestar emocional y psicológico. Conversamos con la Dra. Matilde Caplansky, eminencia de la psicología en nuestro país, quien compartió con nosotros sus posturas respecto a lo que significa sobrevivir a la cuarentena...y no volverse loco en el intento...



-¿Cuáles serían los mayores riesgos para la salud mental de las personas en este contexto de cuarentena?


-No sabría si hablar de riesgos, pero la situación la definiría de la siguiente manera: dentro de la casa, miedo, y, en la puerta, tocándote el timbre, la muerte. Donde quiera que te pares, adentro o afuera, estás amenazado. Es una situación límite, históricamente, en la que el mundo se ve amenazado, es una guerra sanitaria mundial. Peligro psíquico en una guerra, evidentemente lo hay, pero eso no es nada comparado con la muerte.


-Un problema en este contexto es que la gente no soporta la soledad, ¿por qué crees que es el caso?


-Efectivamente, el ser humano es un ser social, y no soporta estar solo. La soledad siempre es muy temida, muy angustiosa…


-¿Se puede, en este sentido, hablar de debilidad? Al no poder uno estar solo con sus pensamientos, consigo mismo...


-No lo creo. En todo caso, es interesante, ya que es una debilidad tan común en los seres humanos, que es natural.


-Es también en este contexto que saltan todas estas cosas que nos hacen humanos, para bien o para mal…


-Así es, para bien o para mal. Pero hay que añadir que no es que la gente esté sola y punto, es que la gente está obligada a estar sola porque hay una pandemia.


-De todas maneras es interesante, ya que la actualidad, con la invasión de la tecnología, del internet, no es una época que fomenta el compartir en persona, en familia, ¿podemos de esta manera recuperar ciertas cosas que hemos dejado de lado?


-Sí, claro, pero hay otra cosa que tomar en cuenta en relación a la tecnología. Por primera vez en la historia, el hombre en Occidente ha dejado de estar solo, porque siempre está con un celular en la mano. Al comienzo, parecía que estaba con Dios todo el tiempo, siempre acompañado. Al caerse esa visión de Dios como compañero, es a través del celular que el hombre logró estar siempre acompañado. ¿Qué sería de nosotros en esta pandemia sin el celular, sin el internet?


-¿Cómo emplear este tiempo, que ahora tenemos, de manera productiva?


-Yo creo que es un momento que uno puede utilizar de manera creativa, o de manera neurótica y destructiva. Hay que elegir entre esas dos posibilidades, y creo que no hay otra. Creo que vale la pena probar el ser creativos… Alguien decía que si después de esta cuarentena no has escrito un libro, pintado un cuadro o hecho nuevas amistades, has perdido tu tiempo…


-¿Habría de esa manera algo positivo que rescatar de este tiempo de encierro?


-Creo que la situación de la pandemia es tan dramática en sí misma, que no estoy segura, realmente, de compartir la idea de sacar algo bueno o algo malo. Después de la bomba de Pearl Harbor, o Nagasaki, ya no hay nada más que hacer, ya ocurrió, ya nos fregamos, ¿qué cosas podemos sacar? Tratar de no enloquecer, de no terminar en la cárcel… Me contaron que en Filipinas han dado la orden a los militares de disparar a quienes salgan a la calle, imagínate, están en una situación en la que o te mata el virus o te matan de un balazo.


-No digo que sea una buena medida, pero viendo lo que tenemos acá, esta situación de gente apiñada en los mercados…


-Por ejemplo, el mercado de acá en Chacarilla es muy estrecho, no pasa más que una persona, entonces se tienen que amontonar, porque no hay espacio. Nos preguntamos entonces, ¿en qué lugares estamos viviendo?


-Es una situación que nos invita a reconsiderar nuestros modos de vida…


-Eso, tienes toda la razón. Creo que deberíamos hacerlo, darnos la oportunidad de tomar en cuenta muchas cosas que no hemos considerado, que no hemos tomado en cuenta. Aunque bueno, si la muerte te está tocando la puerta de la casa, y adentro estás tú, paralizado de miedo, es difícil que se nos pida que además hagamos todo un ejercicio filosófico respecto al tema. No hay mucho tiempo para eso, tampoco nos engañemos. Pero sí, ya no podemos vivir con la misma velocidad con la que hemos vivido todos estos años, con agendas siempre llenas, siempre con cosas pendientes.


-Lo interesante es que dentro de lo extraño, de lo fuera de lo común de esta situación, encontramos algo típico de la historia humana, que es el cambio, que en este caso ha sido radical.


-Sí, un cambio radical. Sin embargo, el hecho de que tenga que venir una pandemia para que se produzcan cambios en nosotros es absurdo… Debería ser otra la motivación para que uno cambie. Pero no, ha sido la pandemia, y no queda más que seguir para adelante.


-¿Saldrá de todo esto una gran lección para la humanidad?


-Todavía estamos muy metidos en el tema, pero a largo plazo, sí creo que vaya a traer consecuencias, pero cuando tengamos el tiempo de procesarlo… Cuando estás en una guerra, estás disparando y tratando de que no te maten, pero después de que pasa, ya puedes analizarlo.


-Y ahí sí podría surgir algo positivo.


-Yo creo que sí. Hay sociólogos que dicen que las crisis siempre traen aspectos positivos y negativos. Pero creo que, por ahora, todavía no nos hemos dado cuenta de qué es aquello en lo que estamos metidos.


-No queda más, entonces, que dar lo mejor de nosotros y esperar lo mejor.


-Así es, esperar no enfermarnos, que nuestros seres queridos tampoco se enfermen y mueran...Es que el virus está en todas partes, en el Congreso, en la Policía...nadie se salva, nadie tiene corona…


-¿Es un recordatorio de que, a fin de cuenta, solo somos humanos?


-Efectivamente, es un recordatorio. Lo que pasa es que nosotros, occidentalmente, estamos acostumbrados a pensar en las teorías de causa y efecto, somos todavía cartesianos en ese sentido. Claro que hay explicaciones físicas para estos fenómenos, pero por ejemplo, veamos a los tifones, que son característicos de oriente: vienen, matan a la gente, se llevan las casas y desaparecen. Lo mismo ha pasado con este virus: de la noche a la mañana, chau. Esa ha sido la sorpresa, que traumatiza, porque la mente recibe más información que aquella que puede procesar y, como una computadora, se cuelga. ¿Cómo puedes hacer con eso? Te traumatiza… Esto es un trauma…









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