• Sol Pozzi-Escot

Kanye West y la posibilidad de una fe contemporánea



Uno de los mayores errores de la Iglesia contemporánea, la católica en particular, es no haber sabido adaptar sus discursos a las necesidades espirituales de las generaciones más jóvenes. Al haberse quedado atrapado en el tiempo, el discurso de la Iglesia ha logrado alejar a muchos creyentes y convencer a muchos indecisos de que a lo mejor la respuesta no va por ahí. ¿Cómo resignificar, en un contexto de creciente oposición a una Iglesia manchada por terribles escándalos y posturas esencialmente anti-derechos, la relación del hombre contemporáneo con Dios?


“Jesus is King”, noveno álbum del rapero americano Kanye West, ofrece una sorprendentemente madura reflexión acerca del rol que puede ejercer la religión en la vida del hombre contemporáneo. Si por hombre contemporáneo entendemos esencialmente un hombre desprovisto de sentido trascendente, perdido en un mundo donde el valor monetario ha sustituido antiguos valores morales (lo Bello, lo Verdadero y lo Bueno de acuerdo a los griegos), es a través de la religión que el rapero logra recuperar la unidad del espíritu. Si el hombre moderno es el hombre de la escisión (ante el Ideal, ante lo eterno y lo esencialmente moral), es a través de la religión que, de acuerdo al rapero, el hombre puede recuperar esa sensación de totalidad con sí mismo y con el mundo. Para un rapero que, como West, ha dedicado años a explorar, a través de su música, las contradicciones del hombre perdido en un mundo desprovisto de sentido, este álbum es un triunfo en el largo camino del hombre la búsqueda de una nueva Verdad.


¿Qué entender por salvación en el siglo XXI? En un mundo en el que Nietzsche ya se tumbó los ídolos y Camus reconstruyó el sentido en función al amor desinteresado a la humanidad, dejando de lado toda posibilidad de trascendencia divina, es a través del regreso a posturas vistas hoy como anacrónicas que podríamos dar un paso adelante en la búsqueda de la ansiada unidad.


En “La Enfermedad Mortal” y “Ejercicio del Cristianismo”, el filósofo danés del siglo XIX Soren Kierkegaard plantea, respectivamente, el problema de la “desesperación” como la marca del hombre moderno y la respuesta de la fe como antídoto ante aquella “enfermedad mortal”. En este sentido, el reconocer que la Iglesia es esencialmente una institución mundana y la respuesta a las problemáticas existenciales del hombre radica en un tratamiento individual de la cuestión de la fe, es reconfigurar el rol de la creencia en Dios en un contexto de creciente alejamiento de todo aquello percibido como dogmático. La fe es, en estos términos, una expresión personal y subjetiva de la búsqueda humana de la eternidad. ¿Podemos ahí encontrar una concepción contemporánea de salvación? ¿Tendría sentido insistir en un tratamiento individual de la cuestión de la fe, por oposición a la adherencia a dogmas y creencias religiosas que hunden al Hombre en la masa?


Podríamos decir, sin temor a estar exagerando, que “Jesus is King” de Kanye West se inscribe plenamente en una línea de pensamiento que inicia con el existencialismo cristiano de Kierkegaard, al plantear una visión personal y subjetiva de lo que sería la relación del hombre con Dios, como eterno refugio ante un mundo cada vez más marcado por la deshumanización, la corrupción moral y la amenaza tiránica de ideologías que se revelan como más nocivas que aquello que en un principio denuncian.



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