• Sol Pozzi-Escot

EL PERUANO SUICIDA




Gracias a la doctora Matilde Caplansky, por ayudarme a establecer líneas de reflexión para este artículo


La consigna es clara y simple: debemos, a lo largo de estos días de cuarentena, debemos quedarnos en nuestras casas y no salir. Sin embargo, los más de 30 mil detenidos a lo largo de estos días nos hacen pensar que algo falla en el trayecto de la información, que por alguna razón esta se queda a medio camino entre quien la emite, es decir el presidente, y quienes la reciben, es decir nosotros. ¿Por qué se sigue desacatando una norma que, bien lo sabemos, ha sido promulgada para salvaguardar nuestras propias vidas? ¿Será que al peruano no le importa su vida?


Partamos de la primera evidencia: en nuestro país, la educación está en crisis. Un enfoque humanista entiende la educación como el motor del desarrollo y la realización personal de los ciudadanos. Sería aquello que permite al ciudadano realizarse no solo dentro de un cuadro social, para de esa manera ser un miembro productivo de la sociedad, pero también en términos que lindarían más con lo espiritual-ético: un buen ciudadano es, en estos términos, aquel que aporta a la sociedad y respeta la dignidad de los otros miembros de esta, entendiéndase también la propia. Al existir las tremendas brechas de educación que vemos en nuestro país, podemos ver claramente una relación entre las fallas de nuestro sistema educativo y la presencia de sectores de la sociedad cuyas actitudes rozan con lo anti-social.


Pero pareciera que la cosa no fuera tan simple: claramente quienes desacatan la orden de cuarentena están completamente conscientes de que su actitud escapa a aquello que es permitido por la ley, y, que al hacerlo, están poniendo en peligro sus propias vidas y aquellas de sus seres queridos. Antes de considerar la situación en términos abstractos, podemos considerar que al fracaso de la educación en nuestro país se suma la falta de institucionalidad a lo largo y ancho de nuestros entes administrativos. ¿Qué imagen tiene el pueblo de la policía? Por muchos años la policía ha sido maltratada por las instituciones del Estado en el nivel político: conocemos más de un caso de policías procesados por llevar a cabo su labor, por defender a la población de la delincuencia, incluso si esto implica herir al delincuente, o, en casos extremos, quitarle la vida. Eso, sumado a los escándalos de corrupción en el ente policial, creemos, ha llevado a la triste idea de que el policía es uno más entre nosotros, o peor, está por debajo. ¿A la policía se le respeta? En nuestro país, no tanto.


Sin embargo, dentro de la idea del desacato intencional y deliberado se esconde algo más que una serie de fallas a nivel institucional, o algo que podríamos, por último, ver como una consecuencia de estas. De acuerdo a Durkehim, la sociedad es “un conjunto de sentimientos, ideas, creencias y valores que surgen a partir de la organización individual a través de este tipo de grupo” (1). Cuando los procesos de socialización fallan en estos términos, se establece el fenómeno de la anomia. En su estudio sobre “El Concepto de Anomia de Durkheim y las aportaciones teóricas posteriores”, María del Pilar López Fernández define la anomia como “el momento en el que los vínculos sociales se debilitan y la sociedad pierde su fuerza para integrar y regular adecuadamente a los individuos, generando fenómenos sociales tales como el suicidio.” Si una situación de anomia, que claramente es aquella de nuestro país, tiene como consecuencias, entre otros, actos antisociales como el suicidio, ¿podemos entender que el salir a la calle en momentos de cuarentena es emprender un lento suicidio colectivo? Durkheim entiende el suicidio anómico como aquel que se produce en aquellas épocas de cambios sociales, en las que las normas antiguas y las normas nuevas entran en colisión. ¿Así, o más claro?


Encontramos definitivamente en la idea de anomia una manera de considerar muchas de las problemáticas de nuestro país. Es una noción que podemos considerar como consecuencia del llamado “desborde popular” y podemos asociar a muchos fenómenos con los que convivimos diariamente: violaciones, feminicidios, violencias en general. De acuerdo a Camus, quien mata al otro no estima valor alguno de su propia vida. ¿Es ese el caso de nuestro país?


*1. “El Concepto de Anomia de Durkheim y las aportaciones teóricas posteriores”, María del Pilar López Fernández


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