• Sol Pozzi-Escot

La Fiscalía, Antígona y el Nombre-del-Padre


La figura paterna, afirma la teoría freudiana, se configura en estrecha relación con las nociones de destino y providencia. Implican, ambas, una suerte de pilar “metafísico”, de “horizonte existencial”, en el sentido en que vienen a representar, en el universo freudiano, claro, el objeto esencial que, luego de una separación simbólica con el sujeto, terminan por esteblecerse como el reglamento inconciente de cada una de las pulsiones, y por lo tanto, determinaciones, de este. Destino, providencia.

Los sucesos recientes, y no solamente me refiero a las últimas bombas soltadas por Barata en relación a muchos líderes políticos, sino a todo el laberinto de corrupción asolapado bajo la careta de la nueva democracia post-fujimorista que empezó en el 2001 con Toledo, permiten empezar a vislumbrar una interesante manera de considerar la situación actual del peruano. Hijo abandonado de una corroída (¿falsa?) institución democrática, el peruano del 2019 busca encontrar nuevamente, en el marco de la democracia, un elemento que no solamente refuerce el concepto que tiene de esta, sino la resimbolice, dándole un nuevo sentido y decretando el triunfo de esta sobre las fuerzas de la corrupción.

Aparece entonces la figura de la Fiscalía, que ante este hijo abandonado de la promesa de la democracia, y con José Domingo Pérez y Rafael Vela al mando, instaura nuevamente la esperanza en esta fallida promesa, arresto tras arresto, encarcelado tras encarcelado. Nos preguntamos entonces: ¿qué se esconde detrás de este creciente endiosamiento de las figuras de los fiscales? ¿Se trata realmente de una sed de democracia, o es una expresión más de un pueblo desertado por sus líderes que busca desesperadamente una nueva figura orientadora, o en términos lacanianos, un nuevo Nombre-del-Padre?

El caso de Antígona ha sido utilizado por la teoría psicoanalítica para ejemplificar el rol de la nación del Nombre-del-Padre en la constitución de la psíquis humana. En la tragedia griega, tras la muerte de Edipo, sus hijos Polínices y Eteocles luchan por el poder, y se embarcan en una guerra que culmina con la muerte de ambos. Creonte, tío de Antígona que asume el poder tras la debacle política, prohibe los ritos fúnebres a Polínices, cuyo cadáver deja pudrirse bajo el Sol, y declara a Eteocles héroe. Antígona emprende entonces una lucha rebelde por reivindicar el nombre de su hermano, por el respecto del lazo simbólico de la familia y el honor. He ahí su Nombre-del-Padre.

Es fácil establecer lazos entre esta Antígona sin padre y este pueblo peruano sin líderes ni horizontes sociales. Tras la separación (en el caso de Antígona real, por la muerte de su padre, y en el caso del pueblo peruano, simbólica, en relación a la noción de democracia) de ambos en relación a estas ideas fundamentales, es fácil encontrarle un reemplazo en alguna otra noción simbólica y, sobre todo, afectiva. ¿Entendemos de esta manera la políticamente conveniente pleitesía rendida a la Fiscalía?

Sería totalmente absurdo y mezquino negarlo: el trabajo actual de la Fiscalía es de esencial importancia para la recuperación de la democracia en el Perú. Constituye un esfuerzo por hacer llegar la justicia a aquellos que por décadas se vieron constantemente impunes ante sus fechorías: la alta clase dirigente política. Eso es ampliamente beneficioso para la reconciliación de un país dividido y un gran paso camino al Bicentenario.

Sin embargo, lo sabemos todos, se ha caído en excesos. Es por esa razón que se ha avivado de tal manera el debate sobre la prisión preventiva, con el objetivo de determinar si está usando de manera debida, o como show político. Y es que, a fin de cuentas y desgraciadamente, podemos sospechar que la figura de la Fiscalía forma parte de una agenda política. El presidente Vizcarra necesita de una figura como la del fiscal Pérez para reinstaurar la fe, o la confianza, del pueblo en el aparato político del país. No sorprende entonces que recién, a raíz de este debate, el presidente Vizcarra haga un llamado a revisar los mecanismos de este proceso preventivo. Se trata de un cambio en el discurso de quien hasta hace poco, insistía en que el Ejecutivo no interviene y se mantiene “al margen” de este proceso judicial.

Los estudiosos del caso de Antígona ponen en valor la conducta excesiva del mítico personaje. Es que claro, un tal momento de abandono y sentimiento de injusticia pueden hacernos caer en conductas desproporcionadas. Es muy fácil dejarse llevar por lo emotivo y las pasiones. No dejemos, por lo tanto, que estas se apoderen de nosotros. Es más importante que nunca mantenerse atentos y concientes. Nos lo ha demostrado la política de los últimos años: es muy fácil volverse esclavo de una engañosa figura del Nombre-del-Padre.


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