• Sol Pozzi-Escot

“A través de la educación y la cultura, el Perú debe cambiar y tomar otro rumbo”, una conversación c


Los últimos 19 años han visto al Perú pasar por una serie de tribulaciones, algunas más graves y escandalosas que otras, que nos hacen pensar que si hay algo con lo que podemos contar en nuestro país, es con la inestabilidad. Los pocos momentos de bonanza y proyección han sido, desgraciadamente, opacados por una realidad subyacente que conocemos todos; la vemos en las noticias todos los días. ¿Podemos contar con algo más? ¿Podemos considerar que existe algo, que más allá de las subidas y caídas, sepa persistir, perseverar y florecer? Amalia Cornejo, con su revista “Voces”, nos ha demostrado que sí. Desde el año de su lanzamiento, en el 2000, momento infame para la política y sociedad peruana, Amalia, su hija Talía y su equipo de colaboradores se han dedicado, con una energía que parece inagotable y una convicción heroíca (porque no hay otra palabra), a hacer valer aquello de bueno que tuvo, tiene y seguirá teniendo el Perú: su vida y materia cultural. Me encontré con Amalia en su casa, y desde el momento en que entré, la cantidad de cuadros, libros y el ambiente acogedor que corona el lugar, me hicieron saber que la directora de la revista tenía más que una historia que contar, y un esencial mensaje que compartir.

“La revista nace porque Talía, mi hija, estaba estudiando Ciencias de la Comuncación, y antes de que haga su licenciatura, tenía que hacer sus prácticas...Entonces todo un equipo presenta el proyecto y se inicia, y después sale adelante y tenemos unos primeros auspicios. Empieza el trabajo, me apoyan unos catedráticos que habían sido mis profesores (...)”, me cuenta Amalia. Y desde ese momento, el crecimiento de la revista ha sido notable, y sus colaboradores, excepcionales. Maynor Freyre, Sara Joffré, Jorge Puccinellli y Jeremías Gamboa son tan solo algunos de los nombres que han figurado entre las páginas de esta revista, poniendo en valor el interés humanista de Amalia por hacer figurar, en “Voces”, una variedad de campos culturales y diferentes generaciones. “Estos son saludos que nos enviaron, a propósito del número 50 de la revista”, dice Amalia mientras me muestra aquel histórico número de la revista, “Mira las palabras, ahí está Vargas Llosa, rectores, directores, instituciones...”.

Pero no ha sido un camino fácil, definitivamente. “Hemos tenido duros golpes”, nos cuenta. “El año pasado ha sido un año muy, muy difícil, y yo pensé que ya sería el último año”. Nos cuenta que efectivamente la crisis política del Perú en los últimos años ha traído una paralización de ciertos auspiciadores de la revista, que dejaron de encontrarse en medida de poder seguir colaborando. “Sin embargo, creemos que debemos continuar”, sentencia finalmente Amalia, con una sonrisa. Con ese espíritu, ¿es posible y concebible rendirse?

Podemos pensar, al conversar con la directora de “Voces”, que hay personas que nacen con una pasión inagotable, por hacer valer sus ideales, por compartir e intentar despertar en los demás ese fuego que puede animar toda una vida, como ha sido su caso. Su amplia experiencia como profesora en diversos colegios de la capital son una prueba más de su amor por la cultura y la educación. Nos cuenta de dónde viene todo esto: “Yo era muy pequeña, pero siempre escuchaba grandes comentarios sobre el Perú, qué pasaba en la política, qué pasaba en el medio cultural...Desde antes de nacer, yo escuchaba conciertos...Yo creo que esto ha sido muy valioso para este desarrollo (mío) que después se concreta”. Nos comenta que sus padres fueron hombres de la cultura, sanmarquinos, siempre en contacto con el mundo intelectual, al cual estuvo, como nos cuenta, expuesta de la niñez. Alberto Tauro, Jorge Puccinelli, Augusto Tamayo Vargas, José Antonio Bravo, son solo algunos nombres de notables personajes que conoció y con quienes compartió durante su infancia y juventud. ¿Su tío abuelo? Nada más y nada menos que José Carlos Mariátegui. “A través de la educación y la cultura, el Perú debe cambiar y tomar otro rumbo”, dice firmemente Amalia.

“Se pudo mantener porque hubo una mística, y en este mundo de dificultades, porque todo ese primer año fue muy dificil... teníamos terrorismo, una situacion politica tremenda...Me acuerdo que yo iba a lavar banderas, y hemos estado luchando y luego te enteras que...bueno...ya sabemos todos... el mantener la mística, el emprender y el creer en lo que haces, yo creo que esa es la clave.”, afirma Amalia con la lucidez que la caracteriza. Se ve en ella un proyecto que va más allá de las limitaciones de lo cotidiano, más allá de las pruebas del presente y las incertidumbres del pasado. Se ve en ella una convicción total y absoluta, una devoción por mantener viva la llama del amor por la cultura y el amor por el país. Finalmente, sostiene: “Prácticamente somos el testimonio de la década, del mundo cultural. (...) No me ocupo de los chismes, no me ocupo de la farándula, sino de todo aquello que yo veo se va a proyectar, va a crecer, tener una madurez, y darle mucha oportunidad a los jóvenes. Será que como maestra creo mucho...tengo fe...”. Agradecer queda corto.


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