• Sol Pozzi-Escot

Duffy, “Rockferry”, y el artista desaparecido


Hay una serie de casos, los conocemos todos, de artistas que surgen, llegan a su cima creativa, y rápidamente, así como aparecieron e remecieron, se esfumaron, casi a escondidas y por distintas razones, para quedar de alguna manera impregnados en la memoria colectiva. Como una cachetada. Muchos, como Rimbaud, son parte de la historia. Sin embargo, otras de estas estrellas fugaces asumieron la charada del desaparecido, parece, hasta el final.

En el 2008, en medio del auge de Amy Winehouse, apareció una voz que, siguiendo la misma línea de soul oscuro y desgarrador interpretado por una cantante blanca, logró con su primer disco, titulado “Rockferry”, gran impacto comercial y crítico. Señalemos que el debut de la rubia cantante salió el mismo año que el debut de la genial Adele, ambas inglesas al igual que la fallecida Winehouse, y aunque luego las cifras se revirtieron, logró iniciamelmente mejores ventas que este. Millones de copias vendidas tanto del disco como del sencillo principal “Mercy” la llevaron inmediatamente a las grandes ligas de este nueva vertiente de pop con orientaciones retro. ¿Su personaje?, una suerte de Nancy Sinatra, dulce y perversa, submergida en los desamores de la Inglaterra de los suburbios de fines de la década de los 2000. Hablamos de Duffy.

La primera canción del disco, que lleva por cierto su mismo nombre, balada encantadoramente oscura, entra de frente al corazón del asunto. “I'd move to Rockferry tomorrow, and I'd build my house, baby, with sorrow”, se lamenta la cantante de la delicada voz. ¿El sueño del amor romántico representa una irónica caída en lo más mundano de los vaivenes de lo cotidiano? Canciones como “Hanging on too long” hacen pensar que sí. Otras, como “Warwick Avenue”, la muestran en su lado más vulnerable, casi infantil e inocente, como una Lolita herida que, sin embargo, prepara secretamente una venganza. Mientras que Winehouse se mostraba de entrada como la “chica mala” por excelencia, Duffy manejaba una línea mucho más tenue, de una sensualidad más femenina e inofensiva que la de Winehouse, pero que esconde una mente atractiva y sorprendentemente perversa. En “Rain on your parade” (¿una respuesta a “Don't rain on my parade”, alegre número musical de Barbra Streisand en “Funny Girl”?) la aparentemente dulce chica sale del escondite de las lágrimas, afila los puñales y sirve el veneno. Uno queda, inevitablemente, con toda la intención de subirse al tren de su feroz fraseo, sus punzantes letras y su inestablemente multifacética persona. “Can we be serious in love?”

¿Una hija perdida de Dusty Springfield, cantante inglesa conocida como la reina del blue-eyed soul (literalmente traducido como “soul de ojos azules”, o soul cantado por blancos), género en el que se establece Duffy? O sino, ¿una transmutación del personaje de Dusty Springfield 40 años después, en una época en la que el melancólico glamour del gran pop se los 60 se encontraba más que muerto? ¿Es “Rockferry” el último as bajo la manga de una facción de resistencia del soul en el cambiante panorama del pop de los 2000s?

Después del fracaso comercial y crítico de su segundo disco, curiosamente titulado “Endlessly”, lanzado en el 2010, la cantante desapareció de la vida musical y artística. Desde entonces se ha presentado en vivo en contadas ocasiones-solo podría mencionar un tributo a Edith Piaf en el 2013-, ha actuado en una película independiente, y ha sacado dos canciones para la banda sonora de una película en el año 2015. Y se habla del mito del eterno retorno...


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