• Sol Pozzi-Escot

"Rosa Mística" y el peruano de hoy


El riesgo de la figura del ícono, creemos, podría radicar en el hecho de que por justamente ser una presencia perenne, podría terminar por desvirtuarse. Santa Rosa, por el mismo hecho de ser un ícono, se vería susceptible, ya que es una presencia constante en la conciencia colectiva peruana, sobre todo en el mes de agosto, de volverse una figura que por ser tan vista, terminaría volviéndose parte de un paisaje establecido que realmente no nos esforzamos en mirar.

Pero hay algo más en este personaje. La recientemente estrenada película “Rosa Mística” de Augusto Tamayo, busca a través de una exploración de fragmentos de la vida de la santa limeña, poner en valor las cualidades de esta, para así entresacar una serie de virtudes de relevancia atemporal, más vigentes que nunca en un clima como el nuestro.

Para promocionar la cinta, Argos, la productora de Tamayo, plantea a Santa Rosa como un ícono feminista en el sentido en que representa un ejemplo de mujer peruana, que, a pesar de lo que uno podría esperar considerando la época en que vivió, logró “crear su propio destino”, es decir decidir por sí misma, a través de un proceso consciente, devoto y racional, los pasos que quería seguir para cumplir el propósito que ella misma se había otorgado, más allá de la aprobación social o de los miembros del clero de su época.

De esta manera, considerando el clima de actual de puesta en valor de la libertad de la mujer, en términos sociales, resulta evidente que la figura de Santa Rosa posea un atractivo para la espectadora peruana moderna. En el país de los feminicidios, es urgente reivindicar a través de un medio en potencia tan masivo como el cine, figuras de mujeres “más grandes que la vida”.

¿Pero qué encontramos más allá de eso? Más allá de la clara cuestión feminista, encontramos en Santa Rosa un claro ejemplo de una superación de un posible nihilismo que desemboca en una reconfiguración del valor de la existencia. Y esto, es universalmente relevante hoy. Aclaremos que podría efectivamente resultar anacrónico hablar de nihilismo para un personaje del siglo XVII que justamente vive enmarcada por un constructo social decididamente católico. Pero, ¿no podríamos considerar que justamente sea este nihilismo que el personaje de Rosa no reconoce como tal, a causa de su ubicación temporal, lo que motiva sus crisis “melancólicas”? ¿Sería en este sentido exagerado decir que de una manera inconsciente Santa Rosa se adelantó a la muerte de Dios que declara Nietzsche unos dos siglos después, y, como el Superhombre, logró reconfigurar esta destrucción, este vacío, para volverle a dar sentido a su vida? A priori, la película no toma este camino, pero para un espectador curioso, podría resultar una interesante manera de proseguir la reflexión. Lo que sí parece plantear la película, es que Rosa encontró en el misticismo una manera de darle validez a su existencia.

Es que realmente no es coincidencia. Parece, después de ver la película, una cuestión evidente que tanto el periodo histórico de la primera santa latinoamericana y aquel en el que vivimos nosotros fallan en ofrecerle a sus más sensibles miembros una vía efectiva de sublimación de la tragedia cotidiana. Es entonces, de alguna manera, un tanto esperanzador, encontrar en el cine un reflejo de la vida de este personaje.

La problemática en relación al cine es clara: se trata de un medio cada vez más masivo y exitoso para películas de corte comercial, con objetivos netamente económicos. Tenemos sin embargo en cartelera a nuestra “Rosa Mística”, que intenta darle a la casi siempre triste propuesta cinematográfica peruana, algo de elegancia y originalidad. Y no se trata de criticar el cine abierta y decididamente comercial en sí, sino de seguir poniendo en duda el sistema que permite y fomenta una tal situación. Decimos que no se trata de criticar el cine abiertamente comercial en sí ya que este es obviamente una manifestación de su época y es la perfecta oportunidad para quienes ven en esta forma de arte una manera de hacerse un dinero rápido y alargar sus ya caducos quince minutos, porque realmente se trata de valorizar propuestas novedosas, en el sentido en que realmente implican un proceso creativo decididamente cinematográfico, en todo el sentido de la palabra. Es este tipo de cine, aquel que procede de una real visión de autor y una real intención creadora como es aquel de Tamayo, el que por lo menos permite que se siga poniendo el tema en la mesa: ¿qué tan fructuosa es realmente la movida de cine comercial peruano? ¿De qué “boom” estamos hablando? Pues es, en un contexto neo-liberal, tan “fructuoso” como todas las otras industrias “pujantes”, con todo lo negativo en términos de “efectos colaterales” que esto implica. Podemos pensar que películas como “Rosa Mística” son aquellas que presentan al público nacional un real eje de reflexión del lugar de uno en una sociedad moderna. ¿Cuáles son realmente las posibilidades?

Nos preguntamos entonces: ¿Es la obra de Tamayo en sí, así como la temática que trata, una manifestación de estos deseos atemporales de superación de un status quo progresivamente normalizado que amenaza con volverse una nueva norma contraproducente? ¿Es esta película aquello que el público peruano necesitaba no solamente para reencontrarse de manera íntima con este mediatizado personaje, pero también con sus propios impulsos creadores existenciales? Pensamos que es el hecho de que se trata de una cinta inmersa en una problemática particular relativa al cine nacional lo que le permite ganar estos atractivos matices. Vayamos entonces, todos, a ver “Rosa Mística”, una película de gran relevancia, una obra que defintivamente va a servir en el largo y tortuoso camino de reconfigurar una tristemente alicaída identidad nacional.


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