• Sol Pozzi-Escot

Verónica Cerna: “El trabajo que uno hace es más inteligente que uno mismo”


Se podría decir que la obra fotográfica de Verónica Cerna forma un repertorio de diversas maneras de ser en el mundo, de confrontarse a los demás, a uno mismo, y en ese proceso desarrollarse como hombre o mujer de hoy. Dentro de la confusión generalizada actual, propia a una época de consumo desproporcionado y, por qué no, insensibilización generalizada, cada una de estas fotografías representan la reivindicación del poder creativo de uno ante su propio destino y su manera de desenvolverse en el mundo. Sus proyectos fotográficos “De la maleabilidad al deseo” o “El teatro invisible” tratan de manera audaz dos problemáticas importantísimas de hoy: la identidad de género y la construcción del “yo” a través del arte.

“Particularmente fue un tema católico, de represión femenina específicamente, que me dejó con la sensación de querer hacer un proyecto documental hablando de género, de libertad de género, salir un poco de esta estructura de cómo deberia uno comportarse dependiendo de si es una mujer o un hombre, o de la orientacion sexual”, nos comenta Verónica, respecto a su exposición “De la maleabilidad al deseo”. Efectivamente, y este es un gran logro de la fotógrafa, lo que se plantea a través de estas imágenes es una superación a través del arte de paradigmas obsoletos de la sociedad limeña actual, en la cual creció. Y no solamente plantea la superación de estas maneras de concebir al hombre y a la mujer, sino también plantea respuestas. Nos explica Cerna: “Para mi es importante, no solamente, en temas de orientacion sexual y percepción de genero, que se desestructure esto tan rígido que tenemos sobre todo en este país, sino también ver la masculinidad y feminidad como un puente entre uno y otro y decidir que se puede tener de ambos y se puede estar en el lado del espectro que uno desee.”

Sin embargo, para Verónica no se trata solamente de retratar al otro, se trata de ponerse a sí misma ante la cámara, para observarse y empezar a conocerse. Respecto a esto, la fotógrafa nos comenta: “Y si bien antes había tenido bastante aproximación al cuerpo en mi foto, a través de cuerpos desnudos, me di cuenta de que necesitaba pasar por la incomodidad de ponerme yo en frente de la cámara, y tenía como esta idea de ser vista.”, afirma. Nos explica que esta voluntad surge, por un lado, de la importancia de la mirada del otro como factor de validación personal, pero también, de un legado religioso que hasta ahora persiste en ella: “Quiero hacer una prueba tangible de que alguien me esta observando, y ese alguien soy yo, ahorita, pero fue desencadenando esta idea de “he sido observada toda mi vida (...) (Esto viene de) haber crecido con esta imagen de que hay un Dios omnipresente que te está mirando todo el tiempo... Entonces empecé a cuestionarme por qué tenía este tema tan fuerte en la cabeza, de la mirada del otro y llegué a la conclusión de que me había sentido observada, pero a un nivel de infinidad.”.

Pero no es terreno fácil, para una artista que como Verónica busca establecer una voz propia, personal, en estos tiempos turbulentos. Le pregunto: “Si quieres enmarcar la producción en una temática social, ¿no estararíamos justamente apegándonos a lo que sería una nueva narrativa establecida en relación al género?” Muy lúcida, responde: “Creo que mi trabajo pretender ser más contemplativo, pero estoy segurisima de que tiene que haber algo que en algún momento lo contradiga. Estoy totalmente a favor de que se sigan cuestionando las cosas. No es: “Ok, llegamos acá y la nueva norma es que todo el mundo debe ser género fluido. Estás generando otra estructura.”

Verónica participó, en el marco del festival de arte erótico “De Eros a Porno”, en la exposición “Placeres No/Normales” que busca a través de la reivindicación de nuevas maneras de vivir el erotismo, combatir de cierta manera el carácter conservador de la sociedad limeña. Comenta: “Leí esta frase que me encanto: “Vivimos en guerra con nuestro propio erotismo”.” Sin embargo, y esto es algo de lo que Verónica está plenamente consciente, vivimos épocas de hiper-sexualización, en las que el sexo se ha vuelto más que nada un objeto de consumo. Ante esto, nos responde: “Uno tiene más acceso a imágenes, más acceso a ver cuerpos desnudos ,a ver la sexualidad desde cualquier perspectiva, pero tambien eso es: entonces ¿cómo deberia ser mi sexualidad?. Está muy parametrada de acuerdo a lo que consumimos, a lo que en teoría tenemos que ser, a cómo en teoría tenemos que desenvolvernos sexualmente, y cómo debemos representarnos sexualmente.” Enseguida, continúa: “Sin embargo, físicamente, y validado desde el lado artístico, cultural, cuestionador, tener proyectos que no solamente quieran vender un cuerpo, sino que tengan un concepto detrás de eso, es súper importante. (...) Sobre todo porque no es algo masivo.”

Le comentamos la teoría de la mente andrógina de Virginia Woolf, según la cual la mente más vivaz, naturalmente creativa, es aquella que sabe aliar de manera productiva cualidades tanto femeninas como masculinas. Nos cuenta: “Más allá de la orientación sexual, tengo un lado súper masculino y otro súper femenino. Y esa mezcla de identidades fue algo que me llevó a hacer el proyecto de género.” Parece que Verónica encontró en la fotografía una manera de plasmar, remover, a escala inter-personal, lo más profundo de sus inquietudes y problemáticas. Y ella está conciente de esto. Nos dice: "El trabajo que uno hace es más inteligente que uno mismo, porque es mucho más instintivo y primitivo." Esperamos con mucho interés ver qué hará esta artista en el futuro.


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