• Sol Pozzi-Escot

"Contar una historia implica conocer al ser humano": una conversación con Augusto Tamayo


No hace falta presentar la trayectoria de Augusto Tamayo. Sus películas, que forman parte de lo más memorable del cine peruano, rinden cuenta del talento de este prolífico creador. A propósito del lanzamiento de la segunda edición de su libro "Guion de ficción audiovisual", conversamos con el cineasta y escritor para entender exactamente qué es lo que, dentro de su proceso creativo y su manera de encararlo, hace que sus historias posean este carácter tan relevante, para descubrir cómo la visión de este artista, sus paradigmas y sus intenciones, hacen que sus historias articulen tantos elementos atractivos para el espectador. Sin más preámbulo, sigue a continuación la entrevista completa.

Sol Pozzi-Escot: Bueno, Augusto, como sabemos muchas de tus películas tienen lugar en el pasado, primero, ¿cómo explicas tú tu interes personal por las épocas antiguas y cómo podría un guion actual rendir cuenta, de manera verosímil de una época pasada?

Augusto Tamayo: Yo parto del concepto de que estamos hechos de historia. Esa es una idea para mí tan clara que a veces me desconcierta que no lo sea para más personas. Estamos hechos de pasado. Los individuos estamos hechos de lo que hemos sido, somos la acumulación de nuestra vida que está ahora presente en el cerebro y en el espíritu, y todo lo que pensamos, hacemos, decimos, es producto de nuestras experiencias. El ser es una actualización de su pasado. Entonces, entender el pasado de un individuo, entender el propio pasado, es indispensable para saber quién soy, para entenderme, para comprender por qué hago lo que hago y pienso lo que pienso. Eso lo trasladamos sin ningún problema a una colectividad. Las colectividades existen porque tienen un pasado, el Perú existe porque tiene un pasado, sino no sería nada. Digamos, el país se constituye por su pasado. La identidad cultural de los miembros del país la tienen porque comparten un pasado. Por lo tanto la historia es de lo que está hecho todo. El presente no existe. El presente es una especie de momento efímero que lo único que hace es mostrar una especie de síntesis comprimida de lo que hemos sido. Entonces, no indagar en la historia personal o colectiva, me parece que es algo que atenta contra la consolidación de una nación, contra la consolidación de su identidad, lo que es en principio lo que ha hecho que los pueblos existan. Nosotros sabemos lo que fue Roma, o Grecia, o cualquier momento, porque construyeron una historia y esa historia es la que los identifica ahora. Entonces, ese es mi interés por la historia. Esa es la razón por qué me interesa la historia, y creo que el cine es un medio poderosísimo, que ha sido usado, además, en todas partes del mundo, para materializar visualmente, de manera a veces documental, a veces ficcional, la historia, y los pueblos cultos y llamémoslos consolidados, frente a otros que tal vez son menos consolidados y están un poco desarmados, son pueblos que siempre han tenido una larguísima tradición de investigación histórica, de texto histórico, de cine o literatura histórica. Eso es lo que me lleva a mí a intentar usar el cine para eso.

Debo aclarar que el cine, para mí, no es un, como lo es tal vez para muchos, algo que se aprecia por sus puras cualidades cinematográficas. Es como si yo leo un libro, y lo único que me preocupa es saber si puso bien la coma o si usó una palabra bonita. El libro puede estar bien escrito, el libro debiera estar bien escrito, pero el libro está hecho para comunicar lo que sea que el autor del libro quiso comunicar, es un medio de comunicación, no es un objeto en sí mismo. A veces siento que las películas son juzgadas, a veces en círculos, llamémoslos, intelectuales, muy sofisticados, simplemente por la naturaleza de su ejecución o por la acumulación de cuántos trucos estéticos ha puesto en juego. Entonces usa un montón y uno se deslumbra ante el aparataje estético, y yo por lo menos, equivocado tal vez, pienso que el cine como un libro, es un vehículo para comunicar. Entonces yo he querido usar el cine, haciéndolo lo mejor posible, así como cuando uno escribe un libro, trata de que esté lo mejor redactado, con el lenguaje más limpio, más claro, más puro, más complejo, igual con el cine, para que esté todo de la mejor manera y produzca un impacto visual en el espectador. Pero finalmente, es un contenido. Y yo he pensado que a mí me ha interesado que este contenido propicie esta recuperación de la memoria, recuperación del pasado, que permita o ayude a comprender lo que hemos sido, que es lo que he venido diciendo, nos hace ser. Comprenderse es una manera de enfrentar el presente y el futuro, es una manera mucho más eficiente, que en esta especie de, como dijo algún gobernante, en este país de “desconcertadas gentes”. Fue una manera un poco tajante y no sé si real, pero en todo caso un poco dolorosa, de definirnos. Y creo que podríamos ser, y creo que los hechos políticos y sociales, no solo de estos tiempos, sino de hace muchas décadas, nos hace pensar en un desconcierto generalizado, y pienso que una cultura histórica ayudaría bastante.

S P-E: Es interesante también que hables de los libros, porque una película como “Una sombra al frente”, por ejemplo, es una adaptación literaria. Me gustaría preguntarte qué crees tú que el cine aporta a una obra...

AT: No sé si aporta, la obra ya tiene su propio lugar en el concierto de las obras literarias. Lo que hace, es la lleva a un medio que, por un lado, se hace definitivamente más masivo, el cine es más masivo que la literatura... La experiencia de la lectura es distinta a la experiencia de una película, entonces ofrece la misma historia, el mismo material, pero produce una experiencia distinta en el espectador y en el elctor. Entonces eso de he leído el libro entonces no quiero ver la película, o he visto la película...no tiene mucho sentido de mi punto de vista porque cada uno de los medios tiene su propia naturaleza, genera reacciones sensoriales, intelectuales, distintas. Entonces, cuando se adapta un libro, lo que se está haciendo es darle una vida distinta a la misma historia. Y muchas veces, resulta bien, en la historia del cine hay miles de adaptaciones literarias, obviamente algunas con más valor que otras, hechas mejor que otras, pero es un proceso absolutamente propio de la cultura adaptar literatura al cine, o a la televisión, que siempre ha cumplido una función parecida a la del cine, y entonces, es como resucitar la historia en otro medio. Yo he adaptado la novela de mi padre, que además está inspirada en la vida de mi abuelo, ese sí que es un proyecto en el que la identidad individual y familiar está absolutamente transformada en ficción, pero en Argos, en la empresa que tenemos, hay ya dos proyectos de adaptaciones, uno basado en una novela de Luis Enrique Tord, que lamentablemente, hace poco, ha fallecido, que esperamos realizar, que se llama “Diana verano del 53”, que es, me parece, una linda novela, por eso nos provocó, conversando con el autor... Hice un guion que parece que está bien... Y la otra novela que hemos adaptado, está todavía un poco en proceso... Es la novela “Soplón”, de un escritor peruano de los 60, se llama Alfredo Moreno Mendiguren, una novela muy vigente... Todos los días se vuelve vigente... Y como todos los días hay escándalos de corrupción, y esta sensación de podredumbre que es agobiante en el país, la novela, ambientada en los años 40 y 50, retrata la podredumbre, que parece que ya es consustancial, en esas décadas, que es así también como ahora, generalizada y omnipresente, y carcome desde un estrato, hasta el más bajo, atraviesa todos los estamentos, todos los oficios, todas las clases sociales...La novela, en todo caso, es una visión muy pesimista de la convivencia natural que tenemos con la corrupción. Hace un año dijimos lo mismo: “Todos los hechos hacen que esa novela sea vigente hoy”, ahorita peor, y estoy seguro que en tres meses y en un año y en dos años, la realidad va a corroborar que sigue vigente. Yo, personalmente, y la empresa, tiene interés, no solo interés, ha ejecutado ya, proyectos adaptados de novelas.

S P-E: Y en relación a lo que me contabas de tu proceso creativo, para comenzar a contar una historia que eventualmente se transforma en un guion... ¿Qué nos podrías comentar, dónde buscas inspiración, cómo trabajas?

AT: Bueno, yo, cuando dicto el curso de guion, una de las primeras clases la dedico a enfatizar la importancia de que la historia tenga importancia para el guionista, no tiene que tener importancia para nadie más, pero para el guionista tiene que tener importancia. Tiene que haber una afinidad, un interés intenso, un vínculo intelectual, emocional, con la historia que uno tiene contar. Me parece que es indispensable. A veces se hacen guiones por el afán de “Quiero hacer uno, porque quiero hacer una película”, es decir, de lo que me salga, voy a hacer un guion, porque quiero hacer una película, porque no sé... hacer una película tiene un atractivo...glamoroso...Yo siempre he pensado, volviendo a la idea, de que la película tiene que decir algo. Puede ser una comedia, puede ser una cosa ligera, puede ser que quieras que la gente se ría, lo que es un propósito dignísimo, como cualquier otro, pero tengo que tener claro que quiero hacer o decir algo, o producir algo en el espectador. No se trata de “voy a inventar una historia para tener un pretexto para hacer una película”, que es lo que ocurre mucho. A veces me han encargado el proyecto, es decir “queremos cumplir este objetivo”, entonces trataba de diseñar el proyecto para cumplir este objetivo, como un guionista o director profesional que he sido. Pero cuando he generado mis propios guiones, y tengo diez acumulados, parto de temas que me mueven mucho, con los cuales tengo un contacto mental, intelectual, que me parecen importantes para mí. Si me parece importante a mí, yo no soy tan único en el mundo para que no le parezcan importantes a otras personas también, porque uno no es único nunca...Entonces mi punto de partida es siempre: historias, temas, que no busco para “necesito una historia porque quiero hacer una película”, sino son un cúmulo, un conjunto, de historias, de temas, de realidades que en un momento dado despiertan mi interés y que convierto en guiones.

S P-E: Creemos que otra parte importante de un buen guion, es un buen personaje, y tus películas tienen bastantes personajes memorables... ¿Qué crees tú que hace justamente esta característica de un personaje que conecte realmente con la audiencia?

AT: Aristóteles, en la Poética, plantea esta pregunta: ¿Qué es más importante, en una obra dramática, él habla sobre el drama, el guion es un drama, es un genéro dramático, el género dramático es el tiempo histórico que se cuenta a través de acciones representadas... Entonces qué es más importante, los personajes o los acontecimientos? Y yo soy un convencido que los personajes. Los acontecimientos también. Uno puede contar una historia donde pasan cosas muy llamativas, aparentemente muy atractivas, pero si los personajes no establecen un vínculo, no se constituyen en este ser que el espectador quiere acompañar, entonces la historia puede ser bombos, platillos, fuegos artificiales, y una cosa espectacular en términos de lo que ocurre, pero si el espectador no quiere acompañar a nadie, se le pasará por encima... Porque en la experiencia de la ficción audiovisual dramática, es decir que me cuenten una historia viéndola, necesito establecer un vínculo con los personajes, de gran empatía, de vivir con él, de identificarme con él, de proyectarme en él, de querer que él consiga, o que no consiga, estar a favor de él o en contra de él, intensamente, pero necesita un vínculo emocional. Por eso me agradan y lo he disfrutado, pero no es un género que en estas alturas de mi vida me mueve demasiado: el minimalismo. Es un cine que busca que eso no se produzca, a veces, a veces sí, pero como hay esta especie de contención, de misterio, de personajes impenetrables, sí, puedo mirar con interés, pero no vivo, no me conmuevo, entonces la puedo ver una vez, pero no me provoca ver cinco veces, o diez, o treintaicinco, u ochenta, como he visto “8 1/2”, porque vivo con el personaje, vivo cada acontecimiento, cada duda, cada angustia, cada situación que tiene, me identifico, me siento como él, digo “Ah, mira, yo también”... Entonces puedo verla 80 veces, en cambio las otras, las veo una vez, de repente intelectualmente digo “Sí, es buena”, pero no me provoca... Cuando a uno no le provoca volver a ver una película, es porque de realidad no ha establecido un vínculo con el personaje, los personajes son claves...

S P-E: Y para eso también es importante que responda el personaje a ciertas características universales, ciertos arquetipos...

AT: Los personajes pueden cumplir varias funciones. Una es esta en que el espectador se identifica porque lo ve vivo, lo ve real, comprende lo que le pasa. Pero también los personajes, a partir de eso, pueden alcanzar un segundo nivel, es que el personaje puede además encarnar cosas, puede representar cosas más allá de su propio ser. Yo lo he tratado de hacer en algunas de las películas. Por ejemplo el personaje en “El bien esquivo” es una persona, que tiene sus problemas y su carácter y sus circunstancias personales, pero al mismo tiempo, es también un representante del mestizaje. Es un representante de lo que significó la mezcla, dolorosa tal vez, traumática tal vez, como suelen ser las mezclas, de lo español y lo indígena en el Perú. Este sincretismo, palabra que suele referirse a la religión, pero que en realidad es cuando las cosas se entremezclan y entonces, el personaje es un ser en sí mismo que tiene su problema personal y lo que le angustia a él, y la búsqueda que tiene, pero a la vez es como un emblema, como un símbolo, como una representación de algo mayor. Entonces, cuando los personajes, para mí, tienen estas dos dimensiones, su existencia individual, rica, y su capacidad de representar ideas o momentos, o a grupos humanos, entonces el personaje resulta todavía más interesante.

S P-E: Estamos hablando de lo que, digamos, hace un guion atractivo, un guion interesante... Me imagino que a lo largo de tu carrera habrás leído mil guiones que no cumplen con esas características. ¿Qué crees tú que son los errores más comunes a la hora de hacer un guion?

AT: Yo no diría errores, pero tal vez lo que tendría que trabajarse... Para comenzar, los personajes. Construir un personaje es un proceso completo. El ser humano es un objeto complicado, tiene aristas de todo tipo, tiene mundos, como ha sido dicho en montones de textos de guion, tiene mundos internos, tiene estructura de carácter, tiene emociones dominantes, tiene pasado, tiene biografía, tiene acontecimientos que lo marcan, tiene herencia, tiene antepasados, tiene principios, tiene convicciones, tiene inteligencia, tiene racionalidad, y tiene vínculos, y tiene vida privada y tiene vida pública. Entonces para construir un personaje, primero le tengo que dar todo eso. Tengo que imaginarlo, porque estoy creando. Es un problema, que sigue siendo importante, en el cine, el peruano también, la construcción de los personajes. La otra, es que yo sí creo en la absoluta vigencia, hay otros que no, del esquema básico de dónde se origina el género dramático, que es la necesidad que el personaje esté claramente motivado por una búsqueda, un objetivo. Puede buscar cualquier cosa, desde la materialidad hasta la abstracción total, pero la historia yo la acompaño porque necesito verlo querer algo, y buscar, y en ese buscar es que lo conozco, vivo con él, conozco realidades, se me comunican ideas, experimento el mundo, comprendo cosas, pero necesito que haya esta búsqueda, y frente a esta búsqueda hay un universo de contradicción, de obstáculo. Eso es lo que está en la base del género dramático. De ahí nace, de la idea griega de la dialéctica, y la idea griega del destino, que es buscar para encontrar de repente en un final o el bien o el mal. Entonces, pienso que a veces las historias no están pensadas para que, de alguna manera, eso que pienso es su núcleo, se articule de manera adecuada y entonces, cuando eso pasa, el personaje es un poco endeble, y la estructura no me engancha en el sentido en que no me, al espectador, no lo atrae, ni lo mantiene acompañando esta búsqueda, esos son dos problemas básicos, fuera de los más minuciosos, o los más de detalle, de... por ejemplo, no tan intrascendente, la corrección en el diálogo, la fluidez del diálogo, la habilidad de armar la escena, que la escena tenga una tensión, que las escenas no sean gratuitas, que las que invento cumplan una función dentro del relato. Hay muchas cosas que deben cuidarse para que el guion salga bien. Entonces, no lo diría tanto como errores, sino aspectos que hay que investigar, aprender, escribir, ejecutar, reescribir, corregir...

S P-E: Y bueno, para terminar, ¿cuál o cuáles puedes decir que son las características que debe tener un guionista para poder crear, digamos, de manera lograda?

AT: Yo tengo la idea de que un guionista es una persona que tiene que formarse, que tiene que estudiar el tema. El guion audiovisual es derivado del texto dramático antiguo y desde que se inventa, se descubre, se construye, el género dramático en Grecia, ha tenido dos mil años donde eso ha ido decantándose, y ha ido descubriendo formas, y estructuras, y tratamientos y recursos que hace más eficiente el texto dramático, el texto que cuenta una historia a través de la representación de acciones. Puede haber gente que tenga un talento innato, nace con él, pero creo que son los menos. La mayoría tendría que llevar cursos, y cursos que creo deben ser teóricos. A veces, creo, hay esta idea voluntarista de que con práctica se aprende todo. Eso no es verdad, desde mi punto de vista. Hay cursos donde dicen “Escribe algo y vamos corrigiendo”, pero cómo va a escribir si no tiene los conceptos básicos. El guionista es alguien que tiene que formarse, y hay innumerable cantidad de textos que enfocan y describen los recursos, las herramientas, las formas, en distintos aspectos de lo que es la construcción dramática y la construcción del personaje. Entonces, lo primero, es que tendría que formarse, educarse, si quiere por sí solo, leyendo muchísimo, o con profesores. En segundo, el contar una historia implica conocer al ser humano, lo que son los acontecimientos, la naturaleza de las cosas, la lógica de los acontecimientos, la logica de los hechos, conocer a las personas, tener una capcidad de indagación en la interioridad de los seres humanos para crear personajes que representen con fidelidad a los seres reales. Entonces, el guionista debiera entrenarse, desarrollar sus capacidades de comprensión de la naturaleza humana, que también puede ser a través de un curso más o menos académico, o a través de una observación dirigida, ordenada y metódica que pueda hacer por sí solo. El tercero, lo dije, creo, en unas respuestas anteriores, tiene que tener temas, tiene que tener cosas que quiere comunicar. Yo reitero que las películas que se hacen por hacer una película, puede que hasta tengan a veces tengan éxito comercial, pero para que sean logrados, como tú has preguntado, tienen que tener algún tema. El tema no tiene que ser trascendental, no tiene que ser complejo, profundo, filosfófico, pero tiene que tener algún tema, una idea, una visión de las cosas, una comprensión, una opinión del mundo que se va a trasladar en la historia, y al mismo tiempo, el guionista tiene que tener algún grado de empatía, de vínculo emocional, de compromiso con la realidad... Y cuando digo compromiso, no hablo de compromiso político, hay todo tipo de compromiso... Compromiso con la realidad: asumir una responsabilidad frente a la realidad que uno vive, la actual, o la pasada. Y por último, tendría que también desarrollar una capacidad de diálogo, además de aprender a redactar el guion, es decir aprender a escribir con un grado de corrección, pero fundamental es que tenga capacidad de dialoguista. Dialoguista es el que tiene el oído entrenado, la memoria, la mente, la sensibilidad, para captar cómo la gente habla. Es escuchar a la gente, porque cada uno hablamos distinto, dependiendo del contexto, la circunstancia, del nivel educativo, del carácter, todos hablamos distinto...Entonces al crear un personaje tengo que asignarle una forma de habla que lo represente, que lo exprese, que lo defina. Si uno está retratando realidades distintas, universos distintos, tiene uno que tener la capacidad... Y esa es una habilidad que no es tan común, hay guionistas que son buenos para armas historias y contarlas y hacer escaletas, y a veces tiene que recurrir a dialoguistas. Pero creo que un guionista debería ser su propio dialoguista, y eso implica dos virtudes. Una, tener un vocabulario. Uno no puede ser dialoguista con vocabulario definido, lo que es algo que está ocurriendo. La falta de lectura está restringiendo el vocabulario de las personas, a veces funcionan con 500 palabras cuando la lengua tiene 280,000. Hay que tener vocabulario amplio, no solamente formal, académico, de diccionario, sino de jerga, y de coloquialismo. Es un aprendizaje que hay que mantener al día porque este lenguaje cambia, no es estático... Esa es otra cualidad...Y después, no solamente cómo habla cada uno, sino cómo entrelazamos los parlamentos. Es decir, el flujo, el ir y venir del diálogo tiene una cadencia, tiene un ritmo, hay una manera en que le asignamos ciertos tiempos, cierto tempo, cierta... hasta musicalidad que hace que el diálogo fluya mejor, como una bonita fotografía, o un buen movimiento de diálogo: la cosa fluye. Igual es el diálogo. Hay dialoguistas que saben crear un flujo que transita suave entre los personajes, o que a veces explota en lo que fuere, discusiones...Entonces creo que esas serían algunas de las características que definirían, me parece, a un correcto guionista.

S P-E: Muchas gracias, Augusto, por estar con nosotros.

AT: Gracias a ti.


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