• Sol Pozzi-Escot

Ricardo Falla: “Si no enfrentamos esta situación, en 80 años (veremos) la disolución del Perú.”


Qué dolor, qué dolor, qué pena... Fuimos descalificados del Mundial. ¿Qué nos queda ahora? Pues nada más que tomar ese vuelo directo, desde ese Moscú imaginario al cual 30 millones de consciencias partieron durante el corto tiempo que duró esta fantasía, hasta esta terrible, triste, patética realidad cotidiana que es aquella del Perú. Efectivamente, se acabó la fiesta. Y como siempre, el desastre del día siguiente de las celebraciones es muy difícil y penoso de ordenar, de limpiar... Hablamos con Ricardo Falla, poeta y académico de amplia trayectoria, profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, acerca de justamente todas esas contradicciones de esta terrorífica realidad que es la nuestra, que nos rodea y supera, aunque nos neguemos a verlo, a cualquier Mundial. ¿Qué le queda al pueblo? ¿Qué le queda al movimiento artístico? O, mejor dicho, ¿cuál es ese movimiento artístico del Perú actual? ¿Qué lo limita? ¿Qué nos depara el futuro, ante esa crisis en varios niveles cuyos posibles peligros son mayores a lo que imaginábamos?

“Así como hay una crisis en la economía, la sociedad, la cultura, obviamente todo afecta a las artes, y en este contexto está la situación de la poesía, la literatura, en su conjunto.” Decreta de entrada el intelectual, dejando ver que las consecuencias de la crisis social que vive actualmente el Perú tiene necesarias consecuencias en el ámbito de la creación artística. En efecto, como nos lo especifica Falla, “ tenemos ahora escritores que revelan una ignorancia supina en materia de literatura, en materia de construcción poética, desconocen los rudimentos básicos que se desarrollan para elaborar un poema”. Efectivamente, creemos nosotros, nos encontramos en lo que podríamos llamar la era de la charlatanería: el abanico de temas y ángulos es muy amplio, pero lo que carece es conocimiento, trabajo... En el 2018, podemos finalmente declarar la muerte de la inspiración, mito que por muchos años ha justificado esa holgazanería que es justamente aquello que representa la traba número 1 al desarrollo cultural y por lo tanto social del Perú. Y se trata, efectivamente, de una cuestión moderna.

Hasta cierto punto del siglo pasado, sí se podía hablar de una cierta efervesencia creativa en el Perú, en el cual reales movimientos intelectuales chocaban y debatían con la finalidad de encaminar el ámbito cultural hacia las más positivas consecuencias en términos sociales. Basta solamente citar las polémicas entre los surrealistas y los indigenistas a mediados del siglo pasado... Y es acá que Falla nos hace una aclaración muy relevante: “Alguna vez Ángel Rama hizo una clasificación que me parece interesante: la sociedad letrada y la sociedad iletrada. En los años de José Carlos Mariátegui la distancia entre la sociedad letrada y la iletrada era bastante pequeña, hoy la brecha se ha ampliado en términos realmente impresionantes.” Efectivamente, la debacle cultural actual del Perú ha hecho de tal manera que la minoritaria sociedad letrada se encuentre alejadísima de la sociedad iletrada, que es desgraciadamente aquella dominante. Y los efectos se ven todos los días en la televisión. Es con un sarcástico humor que Falla menciona a los periodistas peruanos que se van a Rusia a preguntarle a los habitantes de esa tierra si es que han probado el ceviche... Y lo hacen con justa razón: es esa clase de contenido lo que aclama el público peruano.

El carácter aparentemente insuperable de esta crisis tendría sus raíces en dos fenómenos, fruto de la modernidad. En efecto, desde la muerte de los ideales culturales clásicos que trajo consigo la Segunda Guerra Mundial, el hombre se encuentra enfrentado a una existencia sin sentido. La búsqueda del sentido cayó desde las altas esferas de lo sublime hasta los lodosos confines de estas desagaradables realidades materiales. ¿Cómo superamos esto? Falla plantea de frente que es imposible proponer un retorno a por ejemplo la visión que Victor Hugo propone, aquella de un poeta-líder, que guíe con su sabiduría al pueblo: “Victor Hugo es hijo de su tiempo”, nos dice. Por otro lado, somos todos testigos del creciente impacto de la tecnología en la cotidianidad, respecto a la cual nos comenta Falla “que en lugar de poner en ejecución las fortalezas cerebrales agarro mi teléfono y saco todo...Hay un principio en biología que dice que todo lo que no se usa se atrofia: hay un atrofiamiento pues, hay un atrofiamiento, y eso es peligrosísimo para países como el nuestro, porque al fin y al cabo: ¿de dónde van a salir las personas que tienen responsabilidades de gobierno o en los diversos niveles de un país? De esa sociedad...” Haber sido descalificados del Mundial comienza a parecer el más pequeño de nuestros problemas...

Esta sequía intelectual del Perú, es aquello que el poeta calificaría de una “contradicción”, que prosigue a explicar: “Yo soy de los que sostiene que el Perú es uno de los países más cultos en la región, con una población que no lo entiende... Esa es la paradoja... Una población que no entiende los valores que tiene el país.” Efectivamente, como nos lo plantea el importante docente, esta brecha entre la sociedad letrada y aquella que él califica como “no cuantificada en términos educativos” (recordemos los abismales resultados peruanos en la prueba PISA), hace que el público peruano esté más concentrado en aquellos elementos históricamente diseñados para su propio adormecimiento intelectual que en aquellos que por oposición levantarían, construirían, su dignidad. Nos dice Falla: “Pero, con el perdón... Si se sienten felices con un futbolista y la nueva filósofa se llama la señora Peta (risas) y no Augusto Salazar Bondy, o Deustua, qué se yo...o Mariano Iberico, pero no...la señora Peta lo reemplaza... Paolo Guerrero reemplaza a todos nuestras personas importantes.”

Es que esta crisis tiene obviamente un verdadera dimensión fundamentalmente política: le mencionamos el ejemplo de la Ley Calmet, que fruto de los desubicados comentarios de la siempre impertinente personalidad de televisión Karina Calmet respecto a la película “La Casa Rosada”, busca censurar el trato que se le da a la cuestión terrorista en el cine peruano. Nos dice el poeta: “Lo cual es una aberración conceptual, de tantas aberraciones que hay en el país... Cuando un país se declara admirador, defensor, de la economía liberal y pone cortapinzas a la libertad, la liberalidad, que tiene que haber en las artes.” Se trata igualmente de un Estado, que en términos educativos, ha fracasado estrepitosamente. Pensemos también en todas aquellas currículas que se busca defender dentro de la educación, que plantean una visión distorsionada de las cosas. Y es acá que el poeta hace una importante reflexión: “¿Y cuál es el mejor instrumento? No se ha inventado otro, que se llame verdad, verdad, verdad... No hay otra forma. ¿Por qué tenerle miedo a la verdad? ¿Nos va a quitar algo? Al contrario, va a fortalecer más nuestras dignidades.” Es que naturalmente, el real desarrollo político y social del Perú se maneja de acuerdo a los intereses de una “oligarquía”, que Falla califica como “nefasta”.

Pero, ¿cuál es la verdad? Pues la verdad es que el Perú está esencial e ineluctablemente, jodido. Le preguntamos al docente, para cerrar, cuál es el pronóstico para el Bicentenario. Y la respuesta que nos da es, en el mejor de los casos preocupante, y en el peor, terrorífica: “O enfrentamos en términos democráticos esa situación (...), o puede, ojalá que se me queme la boca, surgir nuevamente un grupo terrorista de cualquier signo. La injusticia social solamente trae violencia. Es la única ley que se cumple inexorablemente: ¿quieres violencia?, genera injusticia social.” Y prosigue: “Yo lo veo como un peligro latente: si no enfrentamos esta situación, en 80 años (veremos) la disolución del Perú... En 80, 100 años... Ojalá que se me queme la boca, yo no quiero eso, pero eso es lo que está en el horizonte... Y ojo que ya tenemos un antecedente, que se desarrolló en el país, que fue el Imperio Wari, que se disolvió por sus propias contradicciones internas (...)”. Propone el poeta, finalmente, aquello que es natural: “Reitero, la palabra la tienen los jóvenes. Tú, por ejemplo, un joven. El futuro siempre es de los jóvenes, no de nosotros los mayores. En ustedes está tomar consciencia de la situación del país y proponerse proyectos de largo alcance, en una forma solidaria, es decir una agrupación.” Entonces, es más urgente que nunca unir voces, unir voluntades, y formar de esta manera la resistencia que la situación requiere: es hora de que nosotros hagamos con nuestras propias manos aquello que ningún Mundial de fútbol podrá hacer, es decir, salvar al país. De lo contrario, nos ahogaremos en nuestras propias contradicciones. Si no es ahora, ¿cuándo?


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