• Sol Pozzi-Escot

Soplón: “primero como tragedia, después como farsa”


Una de las citas más conocidas de Marx es la siguiente: “Hegel dice en alguna parte que la historia se repite dos veces. Le faltó agregar: primero como tragedia y después como farsa”. Y ya que de verdad no podríamos decir con certeza qué etapa de nuestra historia corresponde a la tragedia y cuál a la farsa, y estaríamos incluso tentados a decir que lo que hacemos es vivir en una interminable tragicomedia de país, veamos a través del ejemplo de la novela Soplón, recientemente editada por Argos Productos Editoriales, qué es lo que oculta esta frase de Marx en relación a las vueltas que da la historia peruana, que, como nos lo demuestra la novela, triste y graciosamente llevan siempre al mismo final.

“Soplón” fue lanzada en 1963, y es sorprendente cómo, más allá de las expresiones propias de una época y un lugar -en el caso de la novela, la acción tiene lugar entre los gobiernos de José Bustamante y Rivero, Manuel Odría y Manuel Prado- mantiene una esencia que parece sobrevivir más allá del paso del tiempo. A través del punto de vista de Rengifo, el personaje principal, que trabaja como chofer del Ministro de Gobierno, el autor procede a elaborar un sarcástico, casi cínico, retrato de la sociedad limeña de la época. Y lo que encontramos no se encuentra muy alejado de lo que vemos hoy diariamente: corrupción en el gobierno, corrupción moral en las más altas esferas sociales, pero también en los sectores menos favorecidos, mentiras, traiciones… Y claro, todo esto con una sonrisa en la cara.

Es que uno de los temas en los que hace hincapié la novela, como lo señala Augusto Tamayo en su presentación de la reedición de Argos, editorial que él dirige, es “la absoluta incapacidad para la autocrítica y la enorme capacidad de auto justificación que incita (a los personajes).” Y podríamos decir que es esta ceguera, este bloqueo sistemático ante las propias contradicciones de uno, lo que hasta ahora sigue encontrándose en la esencia de nuestra debacle constante como sociedad. Dejemos de hablar de los años 40-50 y veamos qué pasa ahora. Pensamos nosotros: ¿qué tan lejos se encuentra un funcionario corrupto de los 40 de un feliz funcionario actual que dice que va a comprar 130 iPads para “ahorrar papel”? Y es acá que pasamos de tragedia a farsa. Superado el dolor, no queda más que reír.

Pero Moreno también ríe: en la novela, se burla, insulta, comenta a través de un narrador omnisciente, que bien podría ser el ojo de un Dios cínico, los modos de ser de la totalidad de la sociedad peruana, cada estamento representado por una serie de personajes que confluyen a través de la trama. Pero… si Moreno se ríe: ¿eso significa que lo que narra en su novela forma parte de la “farsa”? ¿Y cuándo tuvo lugar la tragedia? Nos vemos entonces, de esta manera, obligados a pensar que la tragedia y la farsa no solamente coexisten extrañamente en la historia del Perú, sino que también es el origen de todo aquello que mueve la conciencia colectiva de su población, cerrando de esta manera el ciclo entre pueblo e Historia. ¿Cuál mueve cuál? No importa, la tragedia y la farsa son el alma de ambos. ¿De qué sirve la risa? Es el estoico grito de una conciencia que ve que no logra escapar del pasado.


34 views
 
  • Instagram
  • Facebook
  • Twitter
  • YouTube
  • LinkedIn

©2018 by alquimiacultural. Proudly created with Wix.com