• Sol Pozzi-Escot

Crear “sin morir en el intento”: una conversación con Josué Méndez


La Lima de “Días de Santiago” podría bien ser la Lima de un documental realizado en la actualidad. Si estos últimos años han sido prueba de algo, podemos decir que han servido para mosrar el letargo con el que la sociedad limeña ha (o hemos, mejor dicho) encarado la proyección de superación histórica. Después de la caída del régimen fujimorista la conciencia colectiva terminó de caer, en términos partiendo desde lo social/económico hasta lo moral, en lo más profundo del barril por el cual el Perú ha venido cayendo de manera constante y lenta desde siempre. Para darle más forma a esta idea no basta más que pensar en quienes nos han gobernado desde que Fujimori huyó del país y renunció a su cargo de Presidente de la República. De cierta manera, podemos pensar que Santiago somos todos, y la guerra a la que nos enfrentamos es aquella de nuestra historia, enquistada en cada rincón del subconsciente del pueblo peruano. Conversamos con Josué Méndez, director de la ya mencionada película, estrenada en el Perú en el 2004, y “Dioses”, del 2008. Nos precisó que en efecto se trataba de en estas películas mostrar personajes que se mueven en una “sociedad hostil en muchos casos...Una sociedad que los margina aunque sean ricos o pobres”. Sobre Santiago particularmente, nos precisa que se trata de un personaje “que quiere crear un mundo que no existe”. No podemos en ese sentido evitar, al oir estas palabras, proponer una comparación entre la figura de este personaje, y las perspectivas que busca proyectar sobre el mundo, y aquella del artista.

“Todo lo que uno hace en lo creativo, lo hace porque el mundo está mal”, nos dice, haciendo referencia a Tarkovsky quien afirma que si el mundo estuviera en armonía, no existiría el arte. El arte debería en este sentido, entonces, poseer en sí la esencia misma de este abismo entre el hombre y el ideal, articulando a través de un lenguaje una perspectiva subjetiva, la del autor, en relación al ángulo de la problemática que se decide adoptar. Sin embargo, Méndez hace una precisión en relación a su postura frente a la cuestión del rol del artista frente a la sociedad: “Yo no siento que uno esté haciendo esto para decir que el mundo lo cambiaremos así o asá... La labor sería presentar ese problema que nosotros vemos, proponer preguntas, exponerlo, explorarlo. En el proceso uno mismo entiende el problema, se responde una pregunta que tuvo al principio, pero tampoco es que uno proponga respuestas al mundo.” Efectivamente, pensamos: ¿cómo podría un creador artístico pretender implantar respuestas definitivas a cuestiones abordadas por un medio, sea cual sea el arte que decida explorar, que es en sí una reproducción, una interpretación de la ilusión que vendría a ser la representación subjetiva del mundo?

Sin embargo la postura de Méndez no se limita a abrir el debate por el hecho de hacerlo. Nos comenta: “Todo trabajo creativo es un trabajo de resistencia contra algo. El sistema, el status quo siempre va a querer que todo siga igual.” Obras como “Días de Santiago” y “Dioses” podrían en este sentido ser leídas como trabajos de resistencia de orden metafísico, ya que las películas parecen poseer igualmente una dimensión filosófica, pero también, inevitablemente, como trabajos de resistencia de orden social, político. Las lecturas que un espectador puede hacer a posteriori, después de haber visto la película, pueden claramente ser incluidas en un contexto de comentario social, que de hecho puede también ser leído en obras de otros cineastas contemporáneos a Méndez, como Claudia Llosa por ejemplo. Pero nos parece encontrar acá un problema, ya que si hablamos de un cine incluido en la categoría “de autor” por oposición a “comercial” o “de género”, estamos hablando de un cine reducido cada vez más a una experiencia complementaria, o secundaria, al creciente cine de género. Los grandes éxitos de taquilla, pensamos nosotros, por el mismo hecho de ser un producto tan masivo, han terminado deformando la noción de “producción cinematográfica” en el Perú, relacionando el acto creativo en el ámbito cinematográfico a la producción de comerciales de una hora y media con la estrella de moda. El cine que propone una concepción más personal del hecho creativo cinematográfico sigue luchando por conseguir espacios de difusión. En efecto, “siempre ha habido y siempre habrá de todo”, nos dice Méndez, y matiza: “Cada producto tiene su fin. Siempre habrán canales para expresarse. Si no los encuentras los creas.”

“¿Y cuál es tu misión?”, le preguntamos finalmente. “Lo que me gusta es contar historias. Mi única misión en la vida: contar historias y no morir en el inento”. Y pensamos que mientras estas historias nos permitan a nosotros, los espectadores, seguir haciéndonos preguntas respecto a la realidad en que vivimos, son bienvenidas en cualquiera de sus formas.


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