• Sol Pozzi-Escot

¿Quién diablos es Mamani?


Moisés Mamani evita a la prensa. Pasa delante de los periodistas, esquiva los invasivos micrófonos con un ademán de no, señor, ahora no, desconozco. Parece que estuviera muy ocupado. Sus lentes de sol oscuros colocan la triunfal cereza sobre este pintoresco helado, que habiendo aparecido de quién sabe dónde con quién sabe qué antecedentes, significó un terromoto político en el Perú. ¿Quién diablos es Moisés Mamani? Parece que del universo del anonimato absoluto, una nube de criollo polvo hubiera arrullado a este señor desde alguna extraña galaxia directo hacia la Tierra. En Perú, además. Y no solo hay que averiguar quién es este señor, puntualmente, sino que pongámonos el sombrero intelectual, y veamos qué diablos puede simbolizar este señor. ¿Si Meursault encarna la teoría camusiana del absurdo en el Extranjero, qué representa Moisés Mamani para esta terrorífica distopia, para este gemelo malvado del peor retoño de Coelho, que es el Perú?

Algo ha cambiado en el Perú. O algo ha dado la impresión de haber cambiado. La visibilidad de la cultura andina ha llegado en la actualidad a niveles insospechables en el pasado. Esto ya que de alguna manera se ha logrado cierta inclusión, y eso es claro, de algunas comunidades constitucionalmente discriminadas en el pasado. Una imparable ola de emprendedores ha reclamado lo que se le debía y ha tomado por asalto las riendas culturales de este país. La representación de la cultura andina, tanto en medios como en el poder es innegable. Pensemos en Alejandro Toledo, ex presidente de la República, ciudadano andino. Y las consecuencias de este proceso son visibles sobre todo en la orientación de público objetivo de los productos más comerciales a la venta en la actualidad. Películas como Asu Mare le hablan a un público esencialmente criollo, mestizo, fruto del sincretismo y de la urbanización andina en la capital y en las grandes ciudades.

Y tenemos a Mamani. El David que con una extraña e inesperada honda, derrumbó con sus propias manos curiosas al Goliat lobbista neoliberal de PPK. Eso dice mucho sobre el Perú de hoy. Tomemos el título de la novela de Vargas Llosa, y llamemos provisionalmente a Mamani “El héroe discreto”. Es que eso resulta ser, un anónimo que respaldado por el torbellino de cambio y confusión del Perú actual, vio el talón de Aquiles del gigante y le arrebató su presa, el poder.

Pero a lo mejor esta es una definición un poco inocente. Decir que Mamani es un héroe, es o una ironía muy atrevida, o un absoluto sinsentido. Digamos que no es un héroe pero es un antihéroe, o mejor, un héroe en el sentido original de la expresión que despertó de pronto en una realidad como esta, de Fujimoris, de Paisanas Jacintas, y todo aquello que criticamos, y con ese despertar abrupto, cayó también en lo más profundo de su alma una voraz sed de venganza. ¿Mamani es el ángel caído? ¿Es el romántico en búsqueda de venganza ante Dios? Mamani sí es un héroe entonces. Es el héroe de los anti-valores que hoy gobiernan el Perú. En ese sentido el cuasi-celeste congresista que sin haber terminado la primaria lo sabe todo, no solamente se infiltró en este universo que quería a toda costa destrozar, sino también reventó todos sus valores trascendiéndolos a través de una pequeña cámara que nadie vio. ¿Mamani es artista?

¿Quién diablos es Mamani? ¿Es una ironía de las fuerzas motrices de la naturaleza? ¿Es una expresión material del Espíritu que gobierna la Historia? No es irónicamente que decimos que algo de místico hay en este personaje, ya que logra abstraer en una sola persona todo aquello que falla en el Perú. Mamani personifica al Perú. ¿Quién es Mamani? Es el héroe que el Perú merece.


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