• Sol Pozzi-Escot

La señorita Justicia y su gemela malvada


Si hubiera una señorita Justicia probablemente estaría encerrada en un sótano mientras su malvada hermana gemela ocupa su lugar y hace que el Perú sea lo que es. La pobre estaría cegada por la oscuridad y su estabilidad emocional se habría visto inevitablemente dañada. En la ocuridad, se imaginaría lo que el Perú sería si fuera ella y no su malísima hermana quien dijera qué está bien y qué está mal. No sabría empíricamente qué es el Perú, en qué se ha convertido, puesto que desde su nacimiento fue encerrada en ese sótano. Pero su imaginación reflejaría la exacta realidad. La señorita Justicia se imaginaría que vivimos en un país donde alguien como el muy célebre y aclamado Edu Saettone, o Adriano Pozo, el absuelto agresor de Arlette Contreras, hacen de las suyas con los alicaídos mandamientos morales y legales que rigen este desafortunado país.

La señorita Justicia no habría leído a Mariátegui, pero sabría que vive en país históricamente diseñado para someter a los más débiles y enalzar a los más fuertes. Se imaginaría que de haber alguien en la situación de Edu Saettone, automáticamente habrían de saltar a la prostituida pantalla mediática las eternas caras de sus amigotes, que con sus fuerzas e influencias conjuntas, vendrían a salvarle el día al poderoso entertainer. Sabría que de haber alguien como Adriano Pozo, el sistema judicial lo apañaría vergonzosamente. Sabría que vivimos todos en el país de los contrarios. Sabría que, haciendo gala de su condición de ex-colonia, el Perú sería pues tierra de nadie, donde los pocos que algo poseen dictan de manera cínica y enérgica, como perversos oráculos, los desgraciados destinos de la mayoría. Sabría que la mayoría es víctima de un muy astuto sistema, del cual todos somos concientes pero nadie busca reformar, que revierte los polos de lo moral y hunde las adormecidas conciencias del pueblo en un eterno sueño narcótico.

Sabría que este sistema no solamente pasa por el marco jurídico-constitucional, no señor. Sabría que cada aspecto de la sociedad: la educación, los medios, los servicios, están todos confabulados para llevar a cabo el objetivo de la gemela malvada. Sabría que terribles shows de televisión envenenarían la mente del ya sometido pueblo, para en un último zarpazo, condenarlos sin posibilidad de absolución, a la peor de las servitudes: aquella de la mente y del espíritu. Sabría también que el pueblo muy campante seguiría feliz de la vida, pensando que “el país progresa”. Pero claro, si todo está en “boom”: la gastronomía, el cine, el fútbol, todo, absolutamente todo explota y nos lleva a los más altos rangos de creatividad y efectividad mundial. Porque claro, el peruano es emprendedor.

Pero sobre todo, la señorita Justicia sabría que es hora de salir de ese sótano y reclamar su lugar. Sabría que no puede esperar ni un segundo más. Sabría que es necesario que ella recupere el lugar que se merece y recupere junto con el nuevo pueblo despierto los altos sueños con los que esta República se fundó. Sabría que el momento de que la conciencia y el intelecto tomen las riendas de este país no puede esperar más. Sabría esto y muchísimo más; tendría libros de libros de conocimiento en su mente, sin siquiera haber puesto un pie en la calle en toda su vida. Imaginémonos que existe una señorita Justicia. Pues esa señorita Justicia efectivamente se acaba de escapar del sótano. La señorita Justicia busca redención. Démosela entonces. Permitemos que retome su lugar siendo los ciudadanos que debemos ser. Sabemos que ella nos espera, incansablemente.


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