• Sol Pozzi-Escot

“Un Perú honesto, moral y justo”, como diría Pedro Pablo Kuzcynski


El avejentado señor americano de discurso lento y tedioso desea que el Perú sea un país “honesto, moral y justo”. Y uno se pregunta cómo alguien en esa posición puede expresar tener tales deseos con esa clase de coraje. Un país honesto, moral y justo.

Y estamos acostumbrados a ver este señor, que desde el 2011 a través de memes y roedores de toda clase conquistó de una patética e inesperada manera el corazón de la población peruana. Es que era el viejito simpático, el abuelito gringo, el señor cándido que vemos en dar discursos en la televisión hace décadas... Y solo subía! Y subía PPK! Y subía PPK! Pero no ganó.

Saltamos los muy peruanos años del nacionalista Humala, que ya ni valen la pena ser mencionados, y aterrizamos en el 2016. El viejito, muy astuto esta vez, había formado un partido, que muy pícaramente ostenta como título de las siglas PPK, y con las sobre-explotadas caras del señor Bruce, el señor Heresi, y la charapa Aráoz, y una serie de respetables personajes que claramente se equivocaron, se vino con todo para reconquistar a la población que casi lo elige 5 años atrás. Y superó a los Morados, y al Ingeniero Químico, a la Roja, y a todos! Menos a la japonesa. Y la carrera calentaba. Y de verdad se ponía muy entretenido ver ese guerra a quemarropa entre dos personajes que en una sociedad no distópica serían aborrecidos generalmente por la población. Pero no pues, esto es Perú, y si hubiera habido un Orwell peruano ahorita estaría en la eternidad brindando con su champagne Nochebuena.

Y la batalla final fue atroz y sanguinaria... Incluso aquella misma “media roja que no ha hecho nada en su perra vida” salió no en defensa de nuestro alicaído líder, sino en defensa de la democracia. Se trataba de escoger la democracia, y consistía en tener un poquito de dignidad ante la fantasmal amenaza fujimorista y aferrarse con alma, corazón y vida, al salvavidas moral de la nación que representaba el flamante renunciante. Y todos nos subimos al barco. Yo me subí al barco con el mismo espíritu.

Y menos de dos años después estamos acá, metidos hasta el cuello en un panorama que nos deja terribles reminiscencias del cambio de milenio. Los kenjivideos, la filtracíón de estos, la guerra de poder entre hermanos es verdaderamente la muestra que el Perú sigue siendo un pozo del tercer mundo donde todo se vale. Un medioevo con carros, selfies y Spotify. Un país que desgraciadamente sigue cargando el peso de las terribles y depredadoras prácticas políticas y económicas que desde el inicio de la República (por no decir la Colonia), han llenado de aparentemente irreparables e históricas llagas emocionales la conciencia colectiva de este pobre país, que mucho sueña y poco toca.

Vivimos en el que parece ser un país en el que nunca existió Arguedas, un país en el que nunca existió Mariátegui, ni Vargas Llosa, ni ninguna de las luminarias que algo de luz han echado sobre la eternamente negrísima situación nacional. Es como si en el Perú se viviera bajo la opresora dominación de un universal mecanismo que hace que la memoria desaparezca.

Ese mecanismo existe, y seguirá existiendo mientras el Perú sea la cancha de los grandes intereses, mientras la educación siga siendo una amenaza para el status quo.

Nace de ahí la necesidad de abrir este blog. Se trata de generar un espacio de resistencia intelectual, pacífica e inteligente. Se trata de hacer relucir el oro del banco en el que estamos sentados. Se trata de un esfuerzo colectivo de promoción de la cultura, de la educación, y de la justicia. Los invito a todos a seguir este espacio, ya que es deber de todos limpiar las palabras que titulan este artículo, y ponerlas a la altura de lo que este país sabe puede ser: honesto, moral y justo.

Alquimia Cultural.

Crédito de imagen: Chio Flores

#cultura #solpozziescot #cine

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