El gran problema del Perú: de la esclavitud moderna a la brecha salarial


La crisis del agro, en el Perú, destapa un gran problema de fondo: la brecha salarial en todos los ámbitos y sectores, el desbalance entre sueldos gerenciales y operacionales, la diferencia salarial entre géneros y sectores formales e informales; todos, en distintas medidas, juegan un rol en este tema.


Comencemos por la esclavitud moderna en el Perú. Ya nos olvidamos de aquella triste tragedia el 25 de junio del 2017, cuando se produjo un incendio en la galería Nicolini, en Las Malvinas, en el que murieron Jovi Herrera (20) y Jorge Huamán (19) encerrados en un contenedor. Sí, encerrados, con un candado en un “contenedor”, trabajando jornadas de 12 a más horas, murieron cuando se encontraban almorzando dentro de dicha estructura. Jonny Coico, su jefe, “los mantenía encerrados para que no se roben la mercadería”. ¿Cerraron las Malvinas?, pues no: aún sigue funcionando.


En el caso de la agroindustria, al igual que sucede en muchos negocios, hay empresas agroexportadoras formales que sí cumplen con brindar altos estándares de calidad a sus trabajadores, a través, de, por ejemplo, comedores con áreas de pastelería y panadería, sueldos acordes a ley, y varios incentivos. Sin embargo, también existen empresas agroexportadoras que subcontratan services o realizan pagos no acordes a las horas producidas, creando una situación en la que el maltrato de peones, y el trabajo expuesto a muchos peligros, hacen que la esperanza de vida de una persona dedicada a estas labores sea corta.


En el ámbito profesional, si se escandalizaron al saber que el sueldo de un jornalero que trabaja en el sector agroindustrial puede llegar al sueldo mínimo, trabajando casi 8 horas diarias bajo el calor del sol, pues les informo que existen practicantes de arquitectura, y hasta arquitectos, que trabajan de amanecida, en algunas oficinas y constructoras, sin derecho a horas extras, y sin estar en planillas, con pagos que pueden llegar desde el mínimo a 1500 soles mensuales.


Ni qué decir de los periodistas que trabajan en ciertos diarios locales, en donde los pagos son, muchas veces, irrisorios. Se trata, incluso, de empresas que, en el marco de la reactivación económica, recibieron préstamos de “Reactiva Perú”, lo que no les impidió, de todas maneras, despedir trabajadores.


Los operarios de minas quizás sean los mejor pagados, pero se llevan con ellos el peligro de sufrir cáncer y demás enfermedades ligadas a la exposición a químicos. No nos olvidemos, tampoco, de los médicos y enfermeras que laboran en el estado: algunos ni siquiera recibieron pagos, y, hoy, protestan frente a hospitales y ministerios.


Algunos datos adicionales: el sueldo de un gerente en el Perú puede llegar a 230.000 dólares anuales, lo que pone al Perú en el segundo puesto de los países cuyos gerentes ganan mejores sueldos en Latinoamérica, por detrás de Ecuador. En tanto, la brecha salarial entre profesionales hombres y mujeres, hasta hace siete años, era de 30%.


La solución ante este gran problema es la supervisión del Estado, tanto en el en el ámbito privado, como en el estatal, del cumplimiento cabal de la normativa laboral, ya que la SUNAFIL por sí sola no se da abasto para esta labor. Esto hace que el paro agroindustrial sea una granada, una bomba que puede explotar si cada uno de los peruanos empiezan a reclamar por sueldos más justos.


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