Cucos para todos


Imagen: Perú 21


Hagamos un pequeño ejercicio e intentemos determinar a quién le corresponderá, en estas próximas elecciones de abril, el título de cuco de la temporada. Cuco, es decir, esa figura política vuelta pesadilla popular ya que encarna, de acuerdo a narrativas establecidas por los medios y distintos organismos que ostentan poder, como las encuestadoras, todos los temores y traumas históricos populares. En el 2016, dicho título fue otorgado a Keiko Fujimori, quien, en las últimas semanas previas a la elección presidencial, fue perdiendo impulso en las encuestas hasta ser derrotada por PPK.


El último domingo, Jorge Morelli publicó una columna en el Diario Expreso que ofrecía una interesante aproximación ante la existencia y el uso que se le da a los cucos electorales. Según Morelli, en el 2016, el cuco de turno fue Keiko Fujimori, lo que permitió, a través de una masiva campaña de “unión” y “esperanza” nacional ante la “amenaza” del Fujimorismo, el triunfo de PPK, quien Morelli califica como el “elegido” de los medios y del poder de turno en ese entonces (Humala), como el sucesor presidencial.


Este año, la narrativa parece mantenerse. Tanto el último sondeo de Ipsos como aquel de Datum, difundidos en los últimos días, ponen a Forsyth en la punta, seguido de Keiko Fujimori y Verónika Mendoza. Notamos, en ese sentido, si queremos adoptar el análisis de Morelli, algo especial. En esta oportunidad, de acuerdo a la terminología del artículo publicado el domingo por Expreso, el “elegido” Forsyth se ve arrinconado no por uno, sino por dos cucos: Fujimori y Mendoza. El cuco de la izquierda y el cuco de la derecha. ¿Cucos para todos, triunfo para uno?


En caso sea verdad la sospecha de muchos de que las encuestas presidenciales no son un fiel reflejo de la voluntad popular, sino representen una forma de manipulación de la opinión pública, el caso que vemos en la actualidad es inédito. Que Fujimori y Mendoza se encuentren en el segundo y tercer puesto, respectivamente, permite, inconscientemente, dirigir los reflectores hacia Forsyth, la figura que, teatralmente, “salvará” al Perú de los distintos “extremismos” que se proyectan tanto sobre la figura de Fujimori y de Mendoza.


Sin embargo, ¿es realmente Forsyth el elegido? Podría ser una posibilidad. El candidato de pocas palabras y estrategia predecible ostentaría, en ese sentido, la corona del continuismo. Forsyth en la presidencia significaría el poder en manos de un joven sin experiencia en particular en política, rodeado de un grupo de profesionales -ellos sí, con experiencia- que tomarían todas las decisiones de peso, en pro del status quo, mientras el exarquero posa para la cámara y graba Tik Toks. Resulta, en efecto, conveniente.


Pero hay un gran perdedor en este juego de cucos y elegidos. En un contexto en que Keiko Fujimori, asociada a la derecha desfasada y mercantilista y Verónika Mendoza, asociada a la extrema izquierda y la demagogia, amenazan con hacerse del poder, Forsyth debería resultar, ante la opinión pública, la opción del centro, de la mesura política y económica. Sin embargo, todos los sabemos, eso no es así: el candidato de Victoria Nacional no posee, creemos, alguna doctrina política, un programa real o una base de adeptos que se inclinen hacia el centro. Van hacia donde vaya la marea. Y ese es el gran perdedor en este panorama: el centro político. Fujimori intentará recuperar su capital político perdido a cómo dé lugar, Mendoza se dedicará a armar discursos incendiarios y prometer el Edén, y Forsyth pasará caleta, como si fuera una verdadera opción de centro hasta, si todo sale bien, hacerse de la presidencia, y perderá, como siempre, el pueblo peruano. Eso si no posponen las elecciones.


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