Comala como punto de fuga: simultaneidad y oralidad en Pedro Páramo


65 años han pasado desde que Juan Rulfo publicó su famosísima novela acerca de un pueblo fantasma al que arriba un muchacho en busca de su padre. La figura de Pedro Páramo, ese mítico y brutal hacendado, dueño del pueblo de Comala y sus habitantes se ha convertido en un referente de la literatura universal. Mucho se ha escrito sobre el libro desde múltiples miradas, pero lo que me interesa a mí en este momento es rescatar dos elementos: la simultaneidad de los acontecimientos y la oralidad como recurso articulador de sentido.

La estructura narrativa de Pedro Páramo presenta una indeterminación temporal cuyo objetivo es fundir las distintas líneas temporales en un espacio impreciso que otorgue la sensación de simultaneidad. La lectura de la obra ofrece una serie de relatos que conviven entre sí. En un momento se tiene a Juan Preciado hablando con Eduviges Dyada y luego a Fulgor Sedano en la Media Luna mientras se presenta ante Pedro Páramo. Incluso estas líneas aparentemente bien diferenciadas tampoco guardan un orden cronológico, ya que los acontecimientos se presentan de manera desordenada. La simultaneidad del tiempo así establecida intenta rescatar una concepción temporal propia de las tradiciones autóctonas de la región, con lo que se aleja de la construcción occidental aristotélica a la que estamos acostumbrados. Pero aquel interés no solo se refleja en la temporalidad, sino también en otros aspectos. Efectivamente, Juan Preciado se relaciona con una serie de personajes que en un principio se cree vivos, pero que luego, descubrimos, no lo están. Abundio Martínez, Eduviges Dyada, Damiana Cisneros, Donis y Dorotea, todos son espectros que deambulan en un pueblo fantasma y al que Juan Preciado ingresa sin mayores sorpresas. Su muerte y posterior sepulcro le permite oír los lamentos de otros espectros fallecidos hace mucho, como Susana San Juan y Justina Diez. La indeterminación temporal no solo abarca los límites entre el pasado y presente, sino que da pie a que los elementos ya señalados posean ese carácter ambiguo. Comala es un pueblo fantasma en el que las reglas del tiempo y la vida han sido destruidas.

Otro de los aspectos importantes que se desprenden de la simultaneidad estructural es el enlazamiento entre el paisaje y los personajes. El primero se encuentra vinculado al segundo al punto de recibir caracterizaciones humanas que expresan lo que estos experimentan. Sobre Pedro Páramo, mientras pensaba en Susana San Juan de niño, se dice que “los vidrios de la ventana estaban opacos, y del otro lado las gotas resbalaban en hilos gruesos como de lágrimas”. O cuando se hace referencia a la tierra después de la muerte de la misma Susana: “Desde entonces la tierra se quedó baldía y como en ruinas. Daba pena llenándose de achaques con tanta plaga que la invadió en cuanto la dejaron sola”. En ese sentido, puede decirse que a la simultaneidad del tiempo, la vida y la muerte se suman el paisaje y los personajes, ya que se fusionan en un solo sujeto que es alterado por lo que le ocurre al otro. Los personajes de la novela son parte del paisaje de Comala, territorio en donde tanto esto como el tiempo y vida se funden en uno solo.

La estructura fragmentaria no puede entenderse por completo sin referirnos a la oralidad. La simultaneidad estructural busca acercar la novela a las tradiciones autóctonas mexicanas y, por ende, al carácter oral de las mismas. El relato fantasmal que construye Rulfo, donde todo parece fundido en un solo punto, es asimilable a un conjunto de susurros, silencios y diálogos que constituyen lo oral como tal. El tiempo se pierde entre los dichos y no dichos de los personajes, quienes forman parte de una Comala etérea. Los personajes solo existen mediante lo oral y como estos son parte del paisaje de Comala, entonces el pueblo solo existe debido al mismo motivo. La estructura no puede ser otra que no sea la fragmentaria, ya que solo esta puede representar una historia que empieza a existir en cuanto los personajes dialogan entre sí o susurran para ser escuchados. No es que haya un presente que es el de Juan Preciado y un pasado que es el de Pedro Páramo. Comala y sus habitantes existen en simultaneidad y en cuanto lo oral se manifiesta.

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